Mostrando entradas con la etiqueta la suciedad humana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la suciedad humana. Mostrar todas las entradas

lunes, junio 20, 2011

Nebulae

Pero me vuelvo hacia el valle,
a la sacra, indecible, misteriosa Noche.

-Himnos a La Noche, Novalis.

¡Cuánto hemos confiado en que el día es el orden natural de las cosas! Sabiendo que el día es sólo una breve capa que se extiende sobre nuestro planeta por unas pocas horas. Una cosa rara y efímera en el infinito mar de noche que inunda el espacio.
No, la noche es el orden natural de las cosas. De cada diez cosas que hay en eso que llamamos universo, una es luminosa y nueve son oscuras. Una es un pedazo de hidrógeno quemándose por los siglos de los siglos, amén. Las otras nueve, ni siquiera sabemos qué son.
Yo, bacteria minúscula e intrascendente frente a la inmensidad del todo, pienso en los momentos en que deambulé bajo la Noche, con un encendedor entre mis dedos, transformando moléculas en materia luminosa sin darme cuenta en instante alguno de mi poder.Sigo siendo la misma bacteria. Pero las calles se han transformado en campos intergalácticos, tan vacíos y tan llenos. No camino, floto. Soy el pequeño corazón orgánico dentro de una piel metálica, sumergido en Ella, la Noche.
El Día brilla a infinitas distancias, contando con titilante intensidad historias de los albores del tiempo. El fuego, esférico y cálido, habla con lenguas de fuego a unos diez minutos de mi cuerpo. Su silencio todo lo dice.
Un cuerpo azul pálido, oscuro en si mismo, es abrazado por la calidez solar. Su brillo celeste da la ilusión de que en él todo es Día. El reino del día, minúsculo, mitad oscuro, mitad no. Sus habitantes, seres sin brillo, se calientan las manos en hogueras, jurando que viven en un barco enorme y no en una balsa que zozobra. ¡Imaginación humana que se esfuerza inútilmente por trazar las fronteras del universo y siempre las desdibuja! El Universo es indiferente. Yo sólo floto. Pero el universo no es más que una foto vieja. La Luz que hace borrones en el papel, dejando una estela.
Una Luz viene en la distancia. No es fuego, es hielo. Hielo encendido y brillante. Silbaría con su velocidad, si aquí el sonido significara algo. Su destino parece incierto, aunque sé que su camino es inmutable. Su luz me inunda y me apacigua. Entonces lo entiendo. Su destino es la esfera azul. Allá tienen un nombre para la luz, el hielo. Yo no le pongo ninguno. No debería tenerlo. Su resplandor alcanza el planeta, se aferra a él. Y el planeta brilla entre remolinos de fuego, brilla como nunca antes en su historia. Es Día, es reino del día, es la esencia de la luz y todo es opaco a su lado.
Ojalá fuese eterna la luz para que fuera mi compañera en este viaje. Mi viaje es como el del cometa, sin sentido pero sin posibilidad de ser cambiado. Pero el hielo... el hielo se mezcla con el fuego y lo apaga. La esfera celeste es ahora más gris que azulada. El fuego muere. El humo flota y sume todo en tinieblas densas. Las sombras no se extienden, se descubren porque siempre han estado allí.
¡La Noche!¡La Noche! Las calles son ahora noche. Eso que creía mundo es ahora noche. Aquellos que lo vivían conmigo son ahora noche. Mi única compañera en este viaje es ella. Su frío me abraza cuando intento conciliar el sueño. Su presencia me da escalofríos cuando trato de separar mis sueños del espacio que veo a través de la ventana. El Universo es Noche, es la soledad inmensa, incontable, infinita. Es la soledad de saber que mis palabras son las únicas que quedan de una raza entera, que se pierden en el espacio. No hay oídos para esta historia.

También yo soy Noche.

Better while listening to: On The Nature Of Daylight - Max Richter

sábado, junio 04, 2011

La Risa

(Uno de mis libros favoritos inspira este post, premio para el que se lo pille)


El mundo es un lugar demasiado trabado como para tomárselo en serio.

Y yo, yo con mi humilde blog y mi enorme ignorancia, mantengo que la risa nos hará libres. Que la risa y el conocimiento nos harán libres. Porque somos esclavos de nuestros miedos, de nuestra ignorancia, de creer que podemos tener la verdad absoluta, de creer que otros seres tan débiles como nosotros pueden ponernos límites.

Por eso, mi querido lector, yo lo invito, lo incito.

Ríase de Dios cuando le mande castigos.
Ríase del cura cuando lo mande al infierno.
Ríase de su jefe cuando lo llame inepto.
Ríase del gobierno cuando se comporte como un montón de cerdos.
Ríase de la gente estúpida en televisión.
Ríase de la gente astuta en las calles.
Ríase de usted mismo cuando comete errores.
Ríase del prójimo, ríase de la ventura y de la desgracia.
No evite reírse de 9 a 5, ríase todo el día.
Ríase del génesis y del apocalipsis,
de Shakespeare y de los libros de autoayuda.
Ríase de lo que usted quiera.
Ríase cuando sueñe, sueñe cuando ría.
Ríase hasta que las mejillas se le encalambren,
hasta que le duela el estómago.
Ríase hasta que pueda seguir riendo,
siempre.

martes, septiembre 07, 2010

Fábula.

La pequeña liebre ártica trotó entre las coníferas, perennes y frondosas entre el helado invierno. La zorra plateada, delgada y ágil como una saeta, salió a su encuentro.

-Ven conmigo a comer esta noche, pequeña liebre blanca.

La liebre tendió sus orejas hacia abajo, temblando de miedo ante la astuta zorra.

-No, zorra plateada, me comes.

La zorra dejó relucir sus afilados colmillos, brillantes ante el sol invernal como aquella tundra inmensa y solitaria.

-Está bien, pequeña liebre blanca, admito que quiero comer tu suave carne y hasta guardar un poco para estos meses de austeridad ¡Je je je! Pero veo que no te faltan agallas. Hagamos un trato: un concurso de velocidad.

La liebre sabía sin duda alguna que era más veloz que la zorra. Intuyó la trampa en la propuesta, pero aceptó. Sabía que, de no aceptar la propuesta, sería perseguida y devorada.

La zorra llevó a la liebre hacia un recodo de una de las gélidas montañas. Señaló la cima con su pata plateada y le dijo: -Hasta la cima, pequeña liebre blanca. Si llegas tú primero, prometo no volverte a molestar. Si llego yo primero, te degüello y te como.

La trampa se hizo clara a los ojos de la liebre. Los altos riscos le hicieron saber que, a menos de que supiera el camino, probablemente rodaría de nuevo a la base de la montaña en menos de lo que se derrite la escarcha en verano. Y la zorra, ágil y astuta, saltaría sin riesgos hasta la cima. Sin embargo, emprendió la escalada. ¿Qué más podría hacer? Saltó, con amplios pero no muy certeros saltitos, entre roca y roca, entre nieve y nieve. La zorra, riéndose entre dientes, corrió hasta salir de la vista de la liebre, para subir por un amplio pero poco visible camino, seguro y duro. La liebre, mientras tanto, sentía sus patitas cada vez más heladas.

-Tengo que llegar. Tengo que llegar.

De repente, una sombra gris y grande surgió de la helada cima. Trotó montaña abajo y se abalanzó sobre la zorra. Un restallido de chillidos y gruñidos duró por un momento, hasta que la piel plata de la zorra de tiñó de granate.

Era un lobo gris.

-De la que me he salvado.- Pensó la liebre, frotando sus patitas, ignorando la otra sombra gris que, relamiéndose, se acercaba a su níveo lomo.

Moraleja: Si no te come la zorra, te come la loba.

Moraleja 2: Todos estamos jodidos, tarde o temprano.

Moraleja 3: Los lobos andan en manada.

martes, marzo 16, 2010

Genocidio Interno

Muerte a quienes caminan hacia arriba,
con suelas de puntas y camisas de arena.
A quienes horadan la tierra y no hallan gusanos.
A quienes horadan cabezas y no hallan
vergüenzas.

Muerte a quienes ruedan hacia abajo,
atados a otros y descalzos sin pena.
A quienes disfrutan clavarse las piedras,
arrancarse los cabellos, abrirse la testa.

Muerte a quienes entierran sus cabezas
en la grava fresca, avestruces durazno.
A quienes con el culo ven las estrellas,
que con los ojos van viendo
párpados.

Muerte a quienes excavan tumbas,
sepultureros de
sueños sin nombre.
Muerte a quienes destrozan cunas,
que
habían luego de ser las propias.

Muerte a quienes deseamos la muerte,
a quienes a nadie salvamos de la
caída.
Muerte a los vivos por haber muerto,
muerte a los muertos por desear una vida.

lunes, febrero 01, 2010

Superman

Superman lee Sobre Héroes y Tumbas.
Superman tiembla.
Superman piensa en decidir su destino con una moneda.
Superman le teme a las sillas de ruedas.
Superman canta en la ducha.
La barra de jabón se rompe entre sus manos;
justo como la taza de café, como las gafas de marco grueso.
La kriptonita no es sólo verde.
En un día gris, Superman muere.
En su nombre construyen un puente.

Un hombre llamado Ignacio es ignorado por el gobierno.
Se vuelve terrorista, construye armamento casero.
Planta bombas en las columnas del puente.
Les pone tiempo, él es paciente.
Mira las aguas turbias corriendo bajo sus pies.
Mira el cielo en busca de un hombre volador.
Ignacio cae al agua, no sabe nadar,
nadie viene a salvarlo.
Otros cuarenta caen con él,
Superman ha muerto por segunda vez.

En un día gris, Ignacio muere.
En su nombre no construyen nada.
Por los supervillanos lágrimas no se derraman.

lunes, noviembre 30, 2009

Santas Cenizas

-Saffron... Qué estás haciendo?- Exclamé con sorpresa.
-Qué te parece?
-Que te estás pasando. Es una iglesia.
-No hay límites de los que me pueda pasar...
-Te ayudaron a hacer esto?
-Te voy a responder eso?
Hizo una pausa para contemplar su obra de destrucción. Esperaba que yo le respondiera "No". No lo hice, y continuó...
-Esto es solo un ensayo. Muchas gracias por dar tu visto bueno a mi experimento-Dijo, sardoonicamente- Aiden... podrías haber participado. Tienes potencial. Eres el mejor de los tuyos, inteligente, intuitivo, con la vista puesta en el horizonte. Puedes tenerlo todo. Puedes arrancar de raíz toda la podredumbre del mundo. Puedes matarme aquí mismo. Llevarme a que me arresten. Para ti tampoco hay límites, sólo está el miedo.
Trataba de tentarme... siempre, trataba de tentarme.
Saffron. 1.85 de estatura. Ojos negros, pelo aún más negro. Tranquilidad absoluta en el rostro. Las manos sueltas, postura recta. Relajado y firme. Rodeado de los restos de una catedral... chamuscados hasta la base.
No es que hubiera estado tan mal. Era solo un edificio, y estaba vacío. Es que lo que hizo fue terrorismo feo, sucio y viejo.
Manipulación. Quemar un símbolo y después hacer un show. Innecesario y peligroso.
Ojalá no se le suban los humos. Ojalá no se deje atrapar.
-En este momento no puedes ayudarme. que me comprendes y que no te vas a quedar quieto. Dale, sigue, alcaanzame.- El maldito sonrió. Cenizas en su cara- Quizá un día... sea yo quien tenga que alzar la cabeza para verte.
Se fue. Así como vino, así como hizo todo, se fue. Levantaba polvo y cenizas con sus zapatos agujereados.
-No, Saffron, yo no voy a competir contigo. Voy a esperar a que hagas lo que tengas que hacer, como lo quieras hacer, y lo que estropees lo arreglaré yo. No me vas a degollar. Me vas a ver cuando instaure otro orden, y ni siquiera tenga que derrotarte.
Ya que Saffron se había ido, yo tampoco tenía por qué quedarme. Podrían haberme acusado. Claro, no es que me diera miedo del deficiente sistema judicial de este país, es que esa noche no estaba de humor para joder a policías.
En la calle había unos cuantos curiosos, chismosos, saliendo a ver si a ver si sacan algo de esto.
Por qué no llamaron a los bomberos? Artimañas de Saffron?
De todas maneras a esos curiosos no les importa nada si no hay beneficio, y aparte de salir en las noticias de mañana no hay ninguno.
Ya a nadie le importa nada.
Y sin embargo...
Si alguien les diera una oportunidad seguro reconsiderarían sus vidas.
Ah, mierda, ya hablaba como Saffron también.
Mientras mi grupo se estaba rindiendo...
En estos tiempos uno no puede rendirse. No hay elección que no sea luchar hasta que corra la propia sangre, luchar duela lo que duela. Nada es gratis, debes arrancarte pedazos de ti mismo para conseguirlo.
Yo no le pido nada a nadie, tampoco a mi grupo. No los voy a obligar, pero no negaré que necesito algo de ayuda en esto. Saffron no es cualquier persona.
Saffron... con su idea de distorsionar el orden social para demostrar sus extrañas teorías. En realidad lo que él diga no importa, porque no se trata de eso. No debe tratarse de eso. Sus teorías son sus excusas como el altruismo es la excusa de otros.
Para Saffron no es el poder no son sus teorías, no es el dinero. Para Saffron es algo similar a un culto, a una religión. Para Saffron, darle ctrl + alt + supr a la civilizacion es el inicio de una experiencia de trascendencia, una renovación, una purificación.
Y esto es lo que logro sacar de los motivos de Saffron. Es demasiado poco.
Fui a ver a Saffron sin avisarle a nadie. Me fui de allí tomando precauciones para que nadie me viera.
Ni siquiera mi grupo podría entender esto. No aún.
Con Saffron quemando no podía ocultárselos para siempre. Aún así, tres días es algo, una semana es algo, cinco minutos es algo.
Corriendo entre callejones estrechos vislumbré mi casa. Debía pensar.
Mierda, que esto no acabe en una guerra civil.

viernes, noviembre 06, 2009

Aftermath

-Un fuego.
-Bueno.
-Qué habrá sido esta vez? Otra iglesia?
-Quien sabe.
-Para qué?
-Quien sabe.
-Fue Saffron?
-Quien sab...
- SABES, MIERDA, SABES!
-No, no .
-AL MENOS ME ESTÁS ESCUCHANDO?
-.
-Cuantos fuegos van?! Va a quemar todo, va a quemar tu casa! No seas estúpida, no lo defiendas! sabes! Sabes cuantos fuegos van!
-No todos fueron fuegos. Y yo no los cuento.
-... Traidora.
-No estoy de ningún lado.
En la ladera de la montaña, fuego y humo negro. No era muy lejos de la casa de Koi, y V deducía que esa mujer indiferente a sus acusaciones furibundas tuvo algo que ver. Yo no sabía si era cierto o no que Koi era una traidora, lo que en realidad no cambiaría nada. Koi no es una persona por la que uno pueda extrañarse. Preguntarle daba lo mismo, y si respondiera no me diría nada que me sorprendiera... Me diría "Es Saffron", y yo ya lo sabía.
V y los otros no, no quería contarles y que tomaran decisiones apresuradas. Que trataran de detener a Saffron cuando aún no es tiempo.
Y Koi... ? Qué querrá de ?
Tendrá lealtad a alguien o simplemente hará lo que quiere?
V pensará que soy un traidor por no contarle nada?
No lo ...
Ni si estoy haciendo las cosas bien, pero no puedo hacer nada más.
Saffron quemando, y yo haciéndome a un lado...
V miró con desprecio a Koi, y me dijo:
-Esta no nos va a decir nada, vámonos que no quiero perder el tiempo mientras Saffron acaba con todo.
-Vamos..
Koi ni se despidió, dio media vuelta con rostro frío, y yo la vi alejarse por el rabillo del ojo. Muchas preguntas turbaban mi cabeza, y me temo que no eran ni la mitad de las que turbaban la cabeza de V.
El fuego seguía ardiendo...
La segunda quema de la semana no iba a ser mi segunda visita a Saffron en su escena del crimen. No podiia llevar a V alli. No, no podiia.
TO BE CONTINUED

jueves, octubre 15, 2009

Koi

Ellos, a mis espaldas, como aparento distraerme, hablan de . De sus planes para , de su futuro para .

A
no me interesa lo que hagan conmigo.
No me interesa si van a decir algo...
si van a hacer algo al respecto...
si van a hablarme seriamente...
si tienen noticias que contarme...
si alguien
desapareció...
si hay un observatorio en Villa de
Leiva...
si quieren manifestar su odio hacia mi perro
hablando de niños mutilados a mordiscos....
Y si no me interesa, camino y me voy.
Es que soy hasta
maleducada, , es que soy hasta maleducada.
Yo los miro y ninguno me importa.
Y me voy.
Hablan de la
televisión. Todo el tiempo. Para ellos, la vida es un reality show. Un show de concursos.
GANE
MÁS DEUDAS DE LAS QUE YA TIENE CON KOI M.
LA VIDA REAL DE UNA
MISÁNTROPA FRACASADA.
GANE UNA CITA CON UNA MUJER QUE
PROBABLEMENTE LO ACABARÁ CASTRANDO.
Shows sin rating. Quizá solo algún demente interesado en ver una existencia que no se aliena con las banalidades que ocupan su rutina

La apago, discusiones me gano.

Podría, debería odiarlos. A la televisión, a ellos. No los odio. Odiar distorsionaría la comprensión que poseo de su falsedad.
Vista
objetivamente, la vida humana se compone de conjuntos infinitos e innecesarios de distorsiones. Los humanos navegan ciegamente entre sus percepciones erróneas. Los humanos consideran, aunque sus experiencias rebatan insistentemente esta concepción, que pueden llevar sus pobres mentes a comprender una verdad absoluta.
No me contradigo. No tengo una verdad absoluta sobre esta humanidad sin futuro. Tengo una
aproximacioon que ha resultado ser muy acertada.
Es posible hacer que una mentira sea una verdad y cambiar el mundo con ella.
Fingir es mi peor arma. Fingir afectos.

En lo principal
Saffron tiene razón.
Aiden cae en falacias. Se mira al espejo y ve un ángel salvador.
Me ve a
y ve algo que no es real. Confía en sus ojos. Es un iluso, un iluso más... lo podemos sacrificar.

Lo podemos
sacrificar.

Camino por la ciudad. Nada que ver. Las luces y las tinieblas, perdiendo y deslumbrando. He apagado la
TV, he cerrado la puerta, no me he despedido. Mi familia. Disiimil, ingenua. Deben pensar que me encamino a una fiesta. A una fiesta pesada, drogada, pasada del liimite. Sería mejor para ellos que así fuera.
En este momento, voy a verme con
Saffron. Voy a discutir la mejor manera de usar cierta arma que hemos hallado y reparado conjuntamente.

Para ser
más clara, queridos lectores, lo único que me interesa es convertir mi mentira, mi hermosa mentira, en verdad. Quebrar las mentiras a las que el mundo está acostumbrado.
En el proceso grandes
sacrificios tendrán que ser hechos.

Camino por la ciudad, el metro pasa ruidoso a mi izquierda. En la
estación, alguien me espera.

TO BE CONTINUED...

miércoles, septiembre 23, 2009

Saffron

-Fuck damnation, man! Fuck redemption! We are God's unwanted children? So be it!
Tyler Durden, Fight Club.

Las nubes, densas, se arremolinaban sobre el estadio...
-Qué mal clima.
-Sí.
-Si empieza a llover cancelan el partido. Y este valle ya va para lago.
-Bah- Resopló. Qué importaba eso. Que se acabe el mundo y punto, nada de calentamiento global, nada de tierras anegadas.
Que sólo se acabe el mundo.
-Saffron va a conquistar el mundo?- Pregunté, sin mirarla.
-Sí.
-Nos va a conquistar a nosotros?
-Sí. Tal vez nos degüelle, tal vez no se le antoje.
-Por qué lo hace?
Ninguna respuesta. Un home run, todos vitorean. Koi gritó, como todos los demás.
-Vas a detener a Saffron?- Continué preguntando.
-No.
La mirada fija en el partido, el ceño fruncido. Los músculos tensos, como a punto de saltar sobre el enemigo.
-Tengo mis propios planes- Dijo Koi- Saffron es... mi amigo.
De héroe a amenaza para la vida humana como la conocemos. De Saffron nada se sabe.
Y de Koi?
-Koi... Me odias? Quieres matarme?
-Por qué lo haría... Aiden?
Pasó sus dedos sobre mi cabello y lo revolvió suavemente.
-Aiden... me voy.
Se largó. Muy rápido, y no me dejó ni la gaseosa.
Decidí quedarme a ver los resultados del partido. Los rojos contra los negros.
Koi y Saffron.
Justamente, como en una partida de ajedrez.

TO BE CONTINUED...

martes, septiembre 08, 2009

El picnic de los desposeídos

Si Dios existiera, ¿Como soportaría yo no ser Dios?
-Citando al tipo desconocido que a veces se sienta en mi silla, y la raya, y que además tiene una mórbida obsesión por citar a Nietzsche.

Hay cosas que hacen que uno sepa que está acabado.
Cuando lo único que queda de tu memoria, de tus ideas, de tu lucha; es una estatua cagada por las palomas, estás acabado.
Cuando en tres días tu única fuente de nutrientes ha sido aguardiente barato, estás acabado.
Cuando te dedican una canción llamada "Miedo a las Alturas", estás muy acabado.

Nos sentamos en la yerbita, que recién la cortaron y huele bueno. Estamos V, Kai, Koi, Li, El Ídolo y yo... Yo soy Aiden. Es mejor decir mi nombre ahora.
Li anda en una mezcla de desnutrición y resaca que pone su piel de color chocolate de un color amarillento. Un color maloliente y desteñido.
Kai trata de alimentar a Li con un paquete de galletitas, aunque él mismo parece tejido con alambre de cobre.
Koi se sienta como levitando, casi sin sentarse. Koi es una persona muy inusual.
V, en cambio, aunque tal vez pese menos que Li en sus peores dias, parece horadar la tierra con su presencia. Parece clavar las uñas en el suelo húmedo para arrancar un pedazo de mundo al desclavarlas.
Al Ídolo lo acaba de cagar un gallinazo.
Y yo pienso, somos un cuadro más que patético.
Sin Saffron, como una farola en frente de todos, somos una mierda...
Pero Saffron se fue, nos dejó para ir por el mundo y no nos quiere en el proceso.
Mentira, tal vez quiera a Koi.
Sabemos, todos lo sabemos aunque sólo a mí me lo ha admitido, que Saffron llama a Koi todos los martes por la noche.
Sabemos que Saffron tiene planes, que mantiene su ideal, que ahora tiene aliados que sí sirven para algo. Y ahora, también, tiene plata.
Y nosotros jodidos, sin un peso y con un ideal ya más carcomido que antes de Saffron. Tenemos motivaciones, un pasado, ahora solo queda preguntarnos si tenemos algún futuro.

Koi flota como una niebla oscura y etérea. Ausente. Más que Saffron.
Quizá pueda aliársele, largarse; y cuando tenga el mundo en sus manos, sentada en un trono ostentoso lleno de sedas y terciopelos, nos fije su mirada, por fin, por vez primera entre un millón de miradas gélidas.
Es esta más una recreación de mi mente, que imagina su semblante extraño y lejano como parte de dicho escenario, que una realidad, pues no creo que Koi sienta inclinación hacia tales demostraciones de poder, ni hacia la plata.
La plata!
Al diablo este mundo! Hasta para poder destruirlo necesitamos plata.

Un rayo de sol vespertino ilumina el paquete de galletas vacío que Li mira con aprensión.
Una brisa lo mueve, le da tres vueltas sobre el prado, lo aleja. Kai estira el brazo y lo recoge, lo mete en su bolsillo.
-Podríamos matar a Saffron- Dice V con firmeza.
-¿Para qué?- Reclamó Kai.
-De nada serviría- Digo yo, sacando un cesto lleno de manzanas bien maduras-¿Quién quiere manzanas?
Seis miradas aburridas, acabadas, se dirigen a , mientras mis dientes destruyen la delgada cáscara roja y mis muelas la mastican.
Yo todavía no estoy acabado.


TO BE CONTINUED

viernes, mayo 29, 2009

El verbo "Caer" era el escogido para el título, hasta que la inspiración del cuento llegó al fondo.

"Su inocencia es precisamente la clave de todo el odio que me causa.
No... no es como si fuera una causa para llorar, no llore, no me gusta verle llorar.
Cómo podría decírselo sin que me malinterprete?
Usted es una buena persona. Es tan buena persona que es malo. Todo extremo es pernicioso, debe usted saber. Yo no quiero que usted sea una mala persona, que se corrompa, sería un crimen hacerle eso; no sólo un crimen contra usted, un crimen contra todo lo bueno y puro en que la gente cree todavía. Yo quiero que usted no sufra más. Yo quiero que usted deje de recordarme esta cicatriz que tengo aquí, que deje de dañar mi imagen del mundo con su... su pureza.
Yo que usted no es feliz. Que la gente no entiende que usted no es un fenómeno, que usted es especial. Usted ni siquiera sabe lo especial que es. Sufre mucho porque quiere al mundo y quiere hacerlo un lugar mejor. Y teme no lograrlo.
Lo peor de todo es saber lo cerca que usted ha estado de la más plena maldad del ser humano. De gente que es incluso peor que yo. Aún así usted, usted, no alberga ni siquiera una gota de ira. No podría disparar un arma, ni siquiera si todo lo que usted amara dependiera de eso.
Mi temor es que cada vez le veo apretar más los dientes para hablar, confundirse más, perderse más en el mundo. Que yo la guiara sería su ruina. No puedo permitirme arruinarla. No puedo permitirle ser como nosotros. No puedo permitirle caer.
El mundo es un lugar muy feo para usted.
Es usted un ángel.
Le juro que-que... lo si-siento... no llore, no llore más...
Va a volver al cielo... va a volver al cielo, a ese paraíso que ha creado...


Y yo al infierno. Supongo que no está tan mal... perdoneme.

domingo, abril 12, 2009

Un chorro de sandeces


Hubo un tiempo en el yo tenía una inútil obsesión por odiar cosas. Odiaba los french puddle, los tacones, los emos, el shojo, el cine colombiano, las ensaladas de repollo, tomate y mayonesa, casi todos mis vecinos, a mí misma, las comedias románticas, las tilapias, multitud de canales de televisión, personas, lugares, revistas, bandas, perfumes melosos, animales, tics, páginas de internet, celebraciones... puedo seguir.
Hasta que me di cuenta lo idiota que estaba siendo sintiéndome uno de los pocos seres sensatos del mundo, y decidí dejar de odiar cosas simplemente por el placer de odiar algo. ¿Y para qué? Ahora escucho música que detestaba, me visto como me da la puta gana y puedo estar más cómoda. No me encasillo. Eso no cambia que mucha gente me deteste, pero ahora me divierte en vez de contrariarme.
(Pero la ensalada de tomate, repollo y mayonesa me sigue pareciendo simplemente repugnante, y tengo la desgracia de que sea una ensalada asquerosamente común)
Estoy escribiendo tonterías. Demasiado tiempo libre, se va convirtiendo en mi
catch phrase, como "Qué deformidad" y "Yuca". Estoy feliz, y me acusaron de estar loca por estarlo (También me han dicho loca por no estarlo, y dicen que la incoherente soy yo). He decidido que no todo puede ser mi culpa, y que todas esas mierdas que escribimos acerca de que "Somos especiales por eso no podemos/ Estamos destinados a " son sólo eso, mierdas para justificar que no entendemos, que nos rendimos antes de empezar, que somos unos idiotas perezosos que se creen José Asunción Silva.
Somos tan idiotas que no nos dimos cuenta que la pasábamos llorando por haber sido derrotados por molinos de viento, cuando nunca tuvimos que desenvainar las espadas. Siempre hemos tenido la fuerza para decapitar dragones, pero preferimos quedarnos en los molinos.
Nunca estuvimos desahuciados. Nunca fuimos débiles. Nunca nuestros enemigos fueron mejores.
Pero nunca fueron tan holgazanes.
Y ahora me doy cuenta de que la persona con la que más hablo es la única que no trata de juzgarme. Es mi héroe, extrañamente. Y yo soy una idiota que trata de no serlo tanto, y sigo buscando, preguntándome constantemente si llegaré a ser la heroína de alguien.
No lo sé y nunca lo he sabido.
Prometo que esta vez voy a ser un poco mejor. (Creo que ya he dicho cuánto siento ciertas cosas, pero en caso de no haberlo hecho, lo repetiré cuántas veces sea necesario. Lo siento muchísimo).

lunes, marzo 09, 2009

Stainless

Se deslizó por las ruinas, entre la oscuridad, desplazando arena y rocas a sus lados. Buscaba minas, armas, lo que quedara. No encontraba mucho. Las armas escondidas de esos años eran arcaicas, y sus portadores primitivos. La cosa se arrastró, buscando. Tuvo una señal corta y se dirigió hacia ella.
Los restos de unas escaleras, huesos, restos de herramientas y objetos varios, todo tan surreal en el desierto lleno de esqueletos de árboles quemados y máquinas como él, como la cosa que explora. La cosa no sabe cómo más describirse, pero no importa. Sólo las cosas llegaban allí, y él era una buena cosa, una muy buena cosa. La cosa detectó un destello y se acercó, curioso. No era un arma, era un cilindro dorado con un círculo blanco incrustado. El círculo tenía líneas e inscripciones negras en su contorno, y tres palitos que giraban rítmicamente señalando los grabados negros. La cosa se preguntó, deslizando sus dedos de titanio por el metal del objeto, si le dejarían llevárselo.
Había más objetos en el sitio que la cosa desconocía. No parecían dañinos, ni buenos, pero eran bonitos para la cosa. Había muchas formas y colores, tan extraños para la cosa que quiso llevarlos todos. La cosa era muy resistente, pero no podía llevar objetos desconocidos y armas al mismo tiempo, no cabría por la entrada de su centro.
La cosa, molesta por llevar demasiado tiempo allí, curioseó por última vez uno de sus objetos favoritos, una lámina delgada y suave que le parecía extrañamente conocida. En ella estaba plasmada una imagen hermosa, representando un ser del color de las nubes al ocaso, o de la arena rosácea, y de perfectas formas redondeadas. El ser se perecía más a la cosa que a los seres que lo manejaban y la cosa acarició la imagen, plenamente feliz.
La cosa salió del escondite, veloz, esperada para ser fundida y convertida en municiones para armas de mediana calidad.

domingo, noviembre 23, 2008

What's wrong with you, kid?

A todo al que se le ocurre preguntarme cuál es mi maldito problema (no es mucha gente, por cierto), yo le tengo una respuesta. Mi problema consiste en que tengo dificultades en la comprensión de las acciones, emociones y reacciones de mis congéneres humanos. Resumiendo, no entiendo ni mierda de la gente. Ni adivinando atino. Se supone que las mujeres somos más receptivas para comprender las emociones del prójimo. Felicidades, otro gen que me salió chiviado.
Me la paso largos ratos tratando de discernir si alguien me quiere o me odia, y cada vez que pienso al respecto, saco una conclusión distinta. En este momento creo que me quiere, muy a pesar suyo porque se ha dado cuenta del enorme peso que significa tener que soportarme. Creo que es una conclusión bastante buena.
Esto de no entender a la gente realmente es una locura. Por culpa de eso, algunas personas me insultan, me ignoran o me lanzan cosas en la cabeza. Y luego hay que reflexionar
insatisfactoriamente acerca de por qué las cosas sucedieron como sucedieron. Lo bueno es que puedo conversar con gente que tampoco entiende a la gente, y charlamos amenamente de lo rara y tonta que es la humanidad hasta que me doy cuenta de que lo único que comprendo de mi interlocutor es por qué no entiende ni mierda de la gente.
Qué cosas, extraño y tal vez incomprensible lector, qué cosas estas.

sábado, agosto 23, 2008

Volemos a todos en pedazos

Hay algo curioso en la entrada a la Universidad de Antioquia (Entre las muchas cosas evidentemente raras que hay allá). Si usted desea entrar, debe mostrar su carnet y abrir su bolso; para demostrar que usted no es ningún terrorista ni tirador psicópata con sed de sangre. Y si entra en carro, debe abrir la cajuela para descartar cualquier sospecha.
Pero si usted lleva una guitarra, un clarinete o cualquier instrumento musical por el estilo, tiene que llenar una fórmula para evitar que se lo roben. Este proceso de registro del instrumento suele implicar la omisión de los procedimientos de seguridad, así que usted puede entrar con bomba en el bolso/cajuela y sin carnet....
Es que los músicos tenemos todo el lógico derecho de cometer asesinatos en masa.

viernes, junio 27, 2008

Antifábula fría (I)

And they say that a hero could save us.
I'm not gonna stand here and wait.
I'll hold on to the wings of the eagles
Watch as we all fly away.

Siempre he querido ser el héroe. Nunca el monstruo. Un día yo los salvaría a todos, acabaría con la maldad que caía como un murciélago sobre la tierra. Un día, descubriría algo que me haría más poderoso que todos los demás.
Pero me temo... me temo que hace tiempo que soy un maldito monstruo.
Yo... leía novelas. Siempre leía novelas y yo era Aragorn, era Tom Sawyer, era la reencarnación de Apolo y mucho más. Sabía que yo era tanto, que algún día alguien tocaría esa enorme puerta metálica para decirme que yo era el Elegido. ¿Por qué nadie podía creerme?
No era tanto un problema de fe como uno de escucha. Podría haber ganado la mención de honor o prendídole fuego al perro, era la misma cosa que tratar de ganarme el afecto de las lámparas. Incluyendo ciertamente el hecho de que no podía tener perros y de que habría sido más fácil encender un fuego en Alaska que en esa casa.
A mí me habría gustado Alaska. Hay alces, osos y lobos. Lobos, como en Colmillo Blanco. Cómo deseaba ser un lobo... Si yo hubiera nacido lobo, nadie me habría encerrado en una casa. Hasta podría haberme comido a la iguana (No hay iguanas en Alaska, pero yo creo que podría comerla de todas maneras) y todos me respetarían.
Si usted decide tener hijos, recuerde, nunca, pero NUNCA, deje a un niño pequeño solo en una casa demasiado blanca, fría, grande y para colmo vacía. Los niños tienen cuerpos blandos y un poco porosos, casi como una esponja, y pueden helarse por dentro. Puede helarse su corazón o su cerebro, y usted puede acabar con un hijo insensible o idiota, o las dos a la vez. Tampoco compre iguanas para compensar lo anterior. No sólo es inútil, sino que las iguanas sienten un profundo asco hacia los niños pequeños. Esto es porque los niños no son verdes ni alargados ni tienen sangre fría, y las iguanas nunca, pero NUNCA cambian de opinión.
Me congelé. Mi sangre se convirtió en frappé y mis ojos en vidrio escarchado. Adquirí la capacidad de enfriar cualquier cosa, desde emociones hasta salones de baile. Mis capacidades intelectuales no se congelaron.
Caí sobre cada gota de calidez como el sediento murciélago vampiro sobre la dulce sangre del herido. La llanura antártica en plena América tropical, eso era mi piel, mi casa...
No crea usted que yo era un demonio. Ahora soy un demonio, en ese entonces era sólo un humano gélido, como Kai en "La Reina de las Nieves". Y contra toda suposición, era más feliz que cualquier hombre cálido... No amaba a nadie, no necesitaba el amor de nadie y tenía todo lo que alguna vez podría desear. Y me parecía más a un lobo que antes.
Lo único era que todos me odiaban. Es decir, me odiaban desde que nací, pero no tanto. No pensaba que eso fuera un inconveniente, sólo una consecuencia. Una consecuencia inútil en mi mundo de útil/inútil, agradable/desagradable.
Un día no tan invernal, hablé con alguien. Alguien en base antipática, con intenciones de matar a todos sus captores y tener un observatorio astronómico. A mí me parecía alguien muy agradable. Jamás le dio frío cuando yo hablaba.
Nunca sufren de fríos quienes miran las estrellas. Ni en mi casa. Ni en un cuarto estrecho con ventanas enrejadas. También yo empecé a mirar el cielo, cuando ella estaba de humor suficiente para pasarme su telescopio. Creo que nunca había visto el cielo nocturno antes. Demasiado fuego para grises iris de hielo. Luego lo seguí mirando, porque los cuerpos celestes están tan lejos que tendría que mirar años para que mi corazón se convirtiera en un charco. Ella me lo explicó.
A pesar de eso, hubo algo que cambió en mí, en materia de temperatura y otros aspectos. Un retroceso en mi propia glaciación. Y así menguara mis capacidades congeladoras y causara escozor en las arterias, no me quejé. Era casi positivo.
Pasé tanto tiempo leyendo estrellas, entregando y recibiendo diversos objetos entre barrotes decorados y escuchando planes de escape-homicidio múltiple, que olvidé hacerles la vida amarga a los otros de la casa. En especial a la viscosa iguana sin nombre. Era mi cometido molestarla, encerrarla, tratar de hacerla sopa exótica hasta que purgara todo lo que me hizo en mi infancia.
¿Por qué diablos no se murió ese animal? Es un reptil de selva húmeda tropical, habría debido necesitar calor diario para sobrevivir. Pero no, se las arreglaba para existir y fastidiar en uno de los ambientes más helados posibles en esta ciudad. ¡Debería haber muerto víctima de alguno de mis experimentos gastronómicos! Y ni siquiera eso... A veces me pregunto si realmente era una simple, escurridiza y odiosa iguana o había algo más en su naturaleza.
También estaban los otros humanos de la casa. Yo no les era útil y les habría encantado deshacerme de mí. Excúseme, no hablo con la necesaria precisión. Se morían de ganas de deshacerse de cualquiera que no fuese ellos mismos. O de partes suyas que no eran útiles. En síntesis, eran como yo completamente congelado, excepto por la hipocresía, la codicia, la soberbia y la idiotez. Después de tanto tiempo sigo sin saber que querían. ¿Dinero, salud, estabilidad, dolor ajeno? Lograban lo último, pero nunca vi (hasta el día que estaba por llegar) que lo disfrutaran de verdad. Completos imbéciles.
Al olvidar irresponsablemente mi misión hacia estas criaturas, eché a perder mi propio objetivo. Que el mundo me dejara en paz y en segundo lugar, que alguien me considerara un héroe. Eso era todo. Vana ilusión de todas maneras.
Los otros y la iguana habían hallado la manera de suspender hostilidades y aliarse para acabar conmigo. Bueno, me odiaban, algún día tendrían que hacerlo. Pero seguía siendo mi culpa por dejarlos. No podían herirme, asustarme, humillarme, aislarme, perturbarme ni ninguna otra cosa. Sin embargo, en el desorden de sus mentes (Muy probablemente en la de la iguana) surgió un método. Uno de esos métodos tan simples, baratos y efectivos que nadie haría una película sobre eso. Tan pero tan simple... Engañar a los vecinos, secuestrar una muchacha y aplicar un poco de la vieja violencia. ¿Qué podría salir mal?
Todo les habría salido mal, si yo no hubiera actuado como un tonto. Si yo hubiera vigilado sus pasos, si yo hubiera evitado sus reuniones, si yo le hubiera avisado, si yo hubiera ido a verla antes.
Si yo hubiera. Nadie sabe lo que habría pasado si yo hubiera hecho algo, pero pasase lo que pasase, tendría el consuelo de haberlo hecho.
No pensé nada cuando metí las llaves en la cerradura, cuando empujé la gran puerta metálica sin esperar más que silencio como recepción. Pensé algo cuando al caminar sobre la fría baldosa escuché algo sin precedentes. Mi nombre pronunciado en voz alta por la voz dulzona de una mujer adulta. Me inquieté cuando lo repitió. Me dieron escalofríos cuando otras voces también me llamaron. Corrí escaleras arriba, esquivando milagrosamente muebles y vidrieras. Sus voces provenían del salón del tercer piso, donde finalmente entré.
El salón del tercer piso no era blanco como el resto de la casa. Era rojo ladrillo y generalmente la única decoración era un colchón a cuadros tirado en el piso y una mesa ruñida. Y allí estaban todos, radiantes, con sus mejores trajes y sus mejores sonrisas, tan cariñosos que pensé que iba a vomitar. No intuí inmediatamente lo que tramaban, pero... era un asco.
Una mujer joven, de pelo corto a la moda que enmarcaba su rostro pecoso de ojos amarillos, mostró sus dientes relucientes y preguntó suavemente:
-¿Sabes qué hacemos aquí?
-No me digas, ¿Una obra benéfica?
-Podría decirse-Se rió como modelo de comercial- Llamemos a esto tu hora de independizarte de casa, hermanito.
No era normal la forma en que lo estaba diciendo. Esta vez iba en serio.
-Muéstrenme qué tienen atrás- Ordené señalando algo puesto sobre la mesa ruñida.
-Como tú desees.- Se rieron con sonoridad.
Casi pierdo el sentido cuando vi que era ella, y la forma en que la cogía mi hermana, como una muñeca de trapo muy grande.
-Párate sola- Y la empujó hacia adelante.
No me miró. Se quedó mirando el piso rojizo, mascullando algo. Le corría sangre por el rostro. Quedé... no existe una sola palabra en ningún idioma que pueda describir adecuadamente mi reacción. Era como si me hubieran dado una golpiza y como si a la vez me estuviera derritiendo.
Mi siguiente reacción fue ir hacia ella. Pero los dos hombres me cerraron el paso y me tiraron hacia la pared. Caí al suelo, débil, mientras vi que ella me dedicaba una larga mirada furibunda y Helena (Mi hermana) la llevaba atrás.
El pulcro y siempre bien vestido Lorenzo me encadenó mientras yo miraba mareado la actuación que fraguaba mi familia, los otros. La ataron a algo, una especie de cruz, aunque con más aspecto de antena de TV. Helena extendió en la mesa los múltiples instrumentos de tortura para luego decirme:
-Al comienzo pensamos que lo mejor sería tu muerte. Pero no sólo esto es más divertido, sino que nos asegura tener el camino libre de indeseables sin derramar la sangre de nuestro linaje-Soltó una risita siniestra- Disfruta.
Le escupí. Se rieron más.
Helena tomó una navaja especialmente afilada y comenzó la función.
No voy a describir la tortura. No es por miedo, por recato (que no tengo mucho) ni por asco. Es que es demasiado doloroso, demasiado inútil y demasiado innecesario. Sepa usted que hubo mucha sangre, muchos alaridos y muchas carcajadas. Si quiere saber más, hay toda una sección de películas gore que están esperándole en algún alquiladero o tienda de películas. Yo estaba semi inconsciente en algunos ratos, histérico en otros. Deseé la muerte con todas mis fuerzas.
Pero no morí. Ni siquiera me desmayé totalmente. Tampoco era capaz de hacer nada. Mi estado era completamente vergonzoso y tan hilarante para mis familiares que los impulsaba a ser más y más crueles.
Cuando cayó al suelo, tras haber sido cortadas las cuerdas que la ataban a la cruz, cuando no emitió ningún sonido tras el golpe de su caída, no pude más. Me ardían las entrañas como si fuera un volcán a punto de entrar en erupción.
Y... fuego. Lo único que logro recordar con precisión, el color de las llamas. No sé exactamente como me deshice de las cadenas, como pude levantarme y tomar las antorchas para acabar con sus repulsivas vidas. El caso es que lo hice, y en un breve periodo de tiempo sus caros y combustibles trajes ya estaban incendiándose. No sé si gritaron. No sé si pidieron ayuda o se revolcaron por el piso. Yo sólo quería verlos morir, quería ver la casa blanca inmaculada en cenizas oscuras. Quería morir ahí también, terminar con todo.
Entre el incendio y los cadáveres calcinados, me recosté en el piso. Estaba tan cansado... y el calor me adormilaba aún más. Me quedé dormido en el suelo por primera vez cálido... soñé con estrellas lejanas, con galaxias situadas en el otro horizonte del universo. Ya nada podría quemarme, mis manos ya no eran gélidas y nunca más...
Con una brisa suave y fresca, me desperté. Tardé un poco en darme cuenta de que no estaba en el más allá, si no en uno de los pocos trozos intactos de las ruinas que me rodeaban. Tal vez me habría alegrado, si el incendio hubiese ocurrido en otro tiempo... en otras circunstancias...
¡Y ella! Su cuerpo... ¿Dónde estaba su cuerpo? Pasé todo el día corriendo entre montones de ceniza, desenterrando miembros y muebles destruidos, tratando de no ser aplastado por escombros que caían. Lo busqué tanto como pude, sin tomarme un respiro. Pero ningún trozo de tela quemado era suyo, ningún cadáver tenía su rostro. Desistí cuando la luz naranja del crepúsculo se coló por el marco de la ventana, y supe que nunca volvería a verla...
Me alejé de las ruinas, sin más rumbo que el que decidiera el destino. Sólo me volví una vez hacia la casa, hacia las oscuras ruinas donde me pareció ver un escurridizo destello verde...
Y sin pensar en nada más, me encaminé hacia otra galaxia, otro mundo, otra calle, otro sitio con tierra y cielo, sin esperar más que silencio como austera recepción.