Why do you say I don't care about anything?
I care about everything.
As if I had given birth to the world,
and its blood flowed in mine,
and the heavens laid on my shoulders,
and the swamps swallowed my feet,
and the sea ran through my skin,
and the sun burned,
and the moon froze,
and every beast died by my hatred,
and every plant perished by my fear,
and every creature succumbed to my hunger.
And my body is in a state of permanent expansion,
in a state of withering supernovae
and disgregating atoms,
a state of permanent decay.
So why do you say I don't care about anything?
I care about everything.
For I am a child of the world,
and its blood flows in mine,
and the heavens have crushed my shoulders,
and even though it is my will,
there is no chance that I could ever,
ever,
look away.
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viernes, junio 22, 2012
Cosmological Constant
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lunes, junio 20, 2011
Nebulae
Pero me vuelvo hacia el valle,
a la sacra, indecible, misteriosa Noche.
-Himnos a La Noche, Novalis.
¡Cuánto hemos confiado en que el día es el orden natural de las cosas! Sabiendo que el día es sólo una breve capa que se extiende sobre nuestro planeta por unas pocas horas. Una cosa rara y efímera en el infinito mar de noche que inunda el espacio.
No, la noche es el orden natural de las cosas. De cada diez cosas que hay en eso que llamamos universo, una es luminosa y nueve son oscuras. Una es un pedazo de hidrógeno quemándose por los siglos de los siglos, amén. Las otras nueve, ni siquiera sabemos qué son.
Yo, bacteria minúscula e intrascendente frente a la inmensidad del todo, pienso en los momentos en que deambulé bajo la Noche, con un encendedor entre mis dedos, transformando moléculas en materia luminosa sin darme cuenta en instante alguno de mi poder.Sigo siendo la misma bacteria. Pero las calles se han transformado en campos intergalácticos, tan vacíos y tan llenos. No camino, floto. Soy el pequeño corazón orgánico dentro de una piel metálica, sumergido en Ella, la Noche.
El Día brilla a infinitas distancias, contando con titilante intensidad historias de los albores del tiempo. El fuego, esférico y cálido, habla con lenguas de fuego a unos diez minutos de mi cuerpo. Su silencio todo lo dice.
Un cuerpo azul pálido, oscuro en si mismo, es abrazado por la calidez solar. Su brillo celeste da la ilusión de que en él todo es Día. El reino del día, minúsculo, mitad oscuro, mitad no. Sus habitantes, seres sin brillo, se calientan las manos en hogueras, jurando que viven en un barco enorme y no en una balsa que zozobra. ¡Imaginación humana que se esfuerza inútilmente por trazar las fronteras del universo y siempre las desdibuja! El Universo es indiferente. Yo sólo floto. Pero el universo no es más que una foto vieja. La Luz que hace borrones en el papel, dejando una estela.
Una Luz viene en la distancia. No es fuego, es hielo. Hielo encendido y brillante. Silbaría con su velocidad, si aquí el sonido significara algo. Su destino parece incierto, aunque sé que su camino es inmutable. Su luz me inunda y me apacigua. Entonces lo entiendo. Su destino es la esfera azul. Allá tienen un nombre para la luz, el hielo. Yo no le pongo ninguno. No debería tenerlo. Su resplandor alcanza el planeta, se aferra a él. Y el planeta brilla entre remolinos de fuego, brilla como nunca antes en su historia. Es Día, es reino del día, es la esencia de la luz y todo es opaco a su lado.
Ojalá fuese eterna la luz para que fuera mi compañera en este viaje. Mi viaje es como el del cometa, sin sentido pero sin posibilidad de ser cambiado. Pero el hielo... el hielo se mezcla con el fuego y lo apaga. La esfera celeste es ahora más gris que azulada. El fuego muere. El humo flota y sume todo en tinieblas densas. Las sombras no se extienden, se descubren porque siempre han estado allí.
¡La Noche!¡La Noche! Las calles son ahora noche. Eso que creía mundo es ahora noche. Aquellos que lo vivían conmigo son ahora noche. Mi única compañera en este viaje es ella. Su frío me abraza cuando intento conciliar el sueño. Su presencia me da escalofríos cuando trato de separar mis sueños del espacio que veo a través de la ventana. El Universo es Noche, es la soledad inmensa, incontable, infinita. Es la soledad de saber que mis palabras son las únicas que quedan de una raza entera, que se pierden en el espacio. No hay oídos para esta historia.
También yo soy Noche.
Better while listening to: On The Nature Of Daylight - Max Richter
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viernes, febrero 12, 2010
Muerto Mundo (I)
Veía cosas, aunque en realidad no estaba viendo nada. En su cabeza danzaban cosas que podían o no ser reales, que podían o no haber pasado. Se estaba despertando. Veía su entorno como una niebla pálida que se deslizaba con destellos de otras cosas, de sueños. La mitad de su cabeza aun divagaba en el mundo de Morfeo. La otra mitad de la cabeza estaba empezando a dolerle. En un principio el dolor era una cosa lejana, otra de las emociones que destellaban en la niebla blanca. Pero luego se hizo apremiante, se hizo muy apremiante. La cabeza se le hinchaba como un globo, le iba a estallar. Abrió los ojos lentamente y gruñó, esperando ver la pared de su cuarto o las cortinas de cuadritos. No vio nada de eso, pero se encontró con una pared de azulejos blancos iluminados por una de esas grandes lámparas halógenas blancas de gran potencia. Eso explicaba la niebla, pero... Donde mierda se había despertado?
Reparó en que tenía el culo frio y entumecido, y el cuello adolorido. Había dormido sentada en la esquina de un... baño público? Soltó un grito involuntario y trato de ponerse de pie. Resbaló cayendo de nalgas, empeorando la situación de tal parte del cuerpo. Gritó de nuevo, esta vez intencionalmente, y nadie respondió.
Se puso de pie con cuidado y miró con más cuidado el sitio. No cabía duda de que era un baño público para mujeres. No era especialmente limpio o reluciente, pero tampoco estaba mal. Le pasaron bastantes cosas por la cabeza. Le habrían sacado un riñón para venderlo en el mercado negro? Le habrían dado escopolamina para violarla?
Caminó hasta el espejo y se contempló. Se veía ojerosa y pálida, pero no se vio ninguna marca o golpe evidente. Se alzó la camisa para comprobarlo. Al menos podía descartar la extracción de órganos. Tenía puesta la ropa de lo último que recordaba.
Qué era lo último que recordaba?
Tenía recuerdos un poco difusos de caminar en un parque, y de que había ardillas. Amigos la rodeaban. Tomaban algo, seguro un refresco. Una tapa caía al piso, giraba antes de detenerse. Una mancha negra... en el cielo? De ahí en adelante todo era un espacio indefinido, un hueco en la memoria.
Recordaba el calor, su ropa. Recordaba la modorra de ese día al despertarse.
Qué día era? Era de noche o de día? Podía salir de ese sitio?
Se acercó a la puerta. Grande, madera pintada de gris. Corrió la manija varias veces, la empujó, le asestó varias patadas. Estaba cerrada. Bueno, no podía ser así de fácil. Decidió gritar a ver si alguien podía oírla. Lo hizo, y luego se dio cuenta de que tal vez también podría estar llamando a quien fuera que la había metido ahí.
Regresó a ver si encontraba algún ducto de ventilación o algo útil. Decidió revisar los compartimientos. Uno, vacio. Dos, sin vaciar pero vacío. Tres... Estaba cerrado. Se agachó para ver por debajo y no vio nada agradable. Un charco espeso y maloliente de sangre manchaba el piso. Como era que no se había dado cuenta antes? Entró al compartimiento dos, trepó sobre el retrete y trató de ver mejor. Había un cadáver. Una mujer con un tiro en la sien, el revolver aún estaba en el piso, a pocos centímetros de su mano . Había pedazos de...sangre, cráneo y otras cosas repartidas por todo el compartimiento. La mujer tenía un gesto horrible. Le entraron ganas de vomitar. Bajó, pero se quedó cerca del retrete por si acaso.
Qué demonios sucedía allí?
Se puso el rostro entre las manos. Quiso llorar. Llamar a alguien, ser rescatada. La cabeza la palpitaba. Gritó con furia, y se levantó. Caminó de un lado a otro, sin saber qué hacer. Parecía una broma de muy mal gusto. Una película de serie B, con un guión malo. O escapaba, o se convertía en otro fiambre sangriento descomponiéndose en un sitio donde nadie conocería su destino.
Reparó en que tenía el culo frio y entumecido, y el cuello adolorido. Había dormido sentada en la esquina de un... baño público? Soltó un grito involuntario y trato de ponerse de pie. Resbaló cayendo de nalgas, empeorando la situación de tal parte del cuerpo. Gritó de nuevo, esta vez intencionalmente, y nadie respondió.
Se puso de pie con cuidado y miró con más cuidado el sitio. No cabía duda de que era un baño público para mujeres. No era especialmente limpio o reluciente, pero tampoco estaba mal. Le pasaron bastantes cosas por la cabeza. Le habrían sacado un riñón para venderlo en el mercado negro? Le habrían dado escopolamina para violarla?
Caminó hasta el espejo y se contempló. Se veía ojerosa y pálida, pero no se vio ninguna marca o golpe evidente. Se alzó la camisa para comprobarlo. Al menos podía descartar la extracción de órganos. Tenía puesta la ropa de lo último que recordaba.
Qué era lo último que recordaba?
Tenía recuerdos un poco difusos de caminar en un parque, y de que había ardillas. Amigos la rodeaban. Tomaban algo, seguro un refresco. Una tapa caía al piso, giraba antes de detenerse. Una mancha negra... en el cielo? De ahí en adelante todo era un espacio indefinido, un hueco en la memoria.
Recordaba el calor, su ropa. Recordaba la modorra de ese día al despertarse.
Qué día era? Era de noche o de día? Podía salir de ese sitio?
Se acercó a la puerta. Grande, madera pintada de gris. Corrió la manija varias veces, la empujó, le asestó varias patadas. Estaba cerrada. Bueno, no podía ser así de fácil. Decidió gritar a ver si alguien podía oírla. Lo hizo, y luego se dio cuenta de que tal vez también podría estar llamando a quien fuera que la había metido ahí.
Regresó a ver si encontraba algún ducto de ventilación o algo útil. Decidió revisar los compartimientos. Uno, vacio. Dos, sin vaciar pero vacío. Tres... Estaba cerrado. Se agachó para ver por debajo y no vio nada agradable. Un charco espeso y maloliente de sangre manchaba el piso. Como era que no se había dado cuenta antes? Entró al compartimiento dos, trepó sobre el retrete y trató de ver mejor. Había un cadáver. Una mujer con un tiro en la sien, el revolver aún estaba en el piso, a pocos centímetros de su mano . Había pedazos de...sangre, cráneo y otras cosas repartidas por todo el compartimiento. La mujer tenía un gesto horrible. Le entraron ganas de vomitar. Bajó, pero se quedó cerca del retrete por si acaso.
Qué demonios sucedía allí?
Se puso el rostro entre las manos. Quiso llorar. Llamar a alguien, ser rescatada. La cabeza la palpitaba. Gritó con furia, y se levantó. Caminó de un lado a otro, sin saber qué hacer. Parecía una broma de muy mal gusto. Una película de serie B, con un guión malo. O escapaba, o se convertía en otro fiambre sangriento descomponiéndose en un sitio donde nadie conocería su destino.
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martes, septiembre 08, 2009
El picnic de los desposeídos
Si Dios existiera, ¿Como soportaría yo no ser Dios?
-Citando al tipo desconocido que a veces se sienta en mi silla, y la raya, y que además tiene una mórbida obsesión por citar a Nietzsche.
Hay cosas que hacen que uno sepa que está acabado.
Cuando lo único que queda de tu memoria, de tus ideas, de tu lucha; es una estatua cagada por las palomas, estás acabado.
Cuando en tres días tu única fuente de nutrientes ha sido aguardiente barato, estás acabado.
Cuando te dedican una canción llamada "Miedo a las Alturas", estás muy acabado.
Nos sentamos en la yerbita, que recién la cortaron y huele bueno. Estamos V, Kai, Koi, Li, El Ídolo y yo... Yo soy Aiden. Es mejor decir mi nombre ahora.
Li anda en una mezcla de desnutrición y resaca que pone su piel de color chocolate de un color amarillento. Un color maloliente y desteñido.
Kai trata de alimentar a Li con un paquete de galletitas, aunque él mismo parece tejido con alambre de cobre.
Koi se sienta como levitando, casi sin sentarse. Koi es una persona muy inusual.
V, en cambio, aunque tal vez pese menos que Li en sus peores dias, parece horadar la tierra con su presencia. Parece clavar las uñas en el suelo húmedo para arrancar un pedazo de mundo al desclavarlas.
Al Ídolo lo acaba de cagar un gallinazo.
Y yo pienso, somos un cuadro más que patético.
Sin Saffron, como una farola en frente de todos, somos una mierda...
Pero Saffron se fue, nos dejó para ir por el mundo y no nos quiere en el proceso.
Mentira, tal vez quiera a Koi.
Sabemos, todos lo sabemos aunque sólo a mí me lo ha admitido, que Saffron llama a Koi todos los martes por la noche.
Sabemos que Saffron tiene planes, que mantiene su ideal, que ahora tiene aliados que sí sirven para algo. Y ahora, también, tiene plata.
Y nosotros jodidos, sin un peso y con un ideal ya más carcomido que antes de Saffron. Tenemos motivaciones, un pasado, ahora solo queda preguntarnos si tenemos algún futuro.
Koi flota como una niebla oscura y etérea. Ausente. Más que Saffron.
Quizá pueda aliársele, largarse; y cuando tenga el mundo en sus manos, sentada en un trono ostentoso lleno de sedas y terciopelos, nos fije su mirada, por fin, por vez primera entre un millón de miradas gélidas.
Es esta más una recreación de mi mente, que imagina su semblante extraño y lejano como parte de dicho escenario, que una realidad, pues no creo que Koi sienta inclinación hacia tales demostraciones de poder, ni hacia la plata.
La plata!
Al diablo este mundo! Hasta para poder destruirlo necesitamos plata.
Un rayo de sol vespertino ilumina el paquete de galletas vacío que Li mira con aprensión.
Una brisa lo mueve, le da tres vueltas sobre el prado, lo aleja. Kai estira el brazo y lo recoge, lo mete en su bolsillo.
-Podríamos matar a Saffron- Dice V con firmeza.
-¿Para qué?- Reclamó Kai.
-De nada serviría- Digo yo, sacando un cesto lleno de manzanas bien maduras-¿Quién quiere manzanas?
Seis miradas aburridas, acabadas, se dirigen a mí, mientras mis dientes destruyen la delgada cáscara roja y mis muelas la mastican.
Yo todavía no estoy acabado.
-Citando al tipo desconocido que a veces se sienta en mi silla, y la raya, y que además tiene una mórbida obsesión por citar a Nietzsche.
Hay cosas que hacen que uno sepa que está acabado.
Cuando lo único que queda de tu memoria, de tus ideas, de tu lucha; es una estatua cagada por las palomas, estás acabado.
Cuando en tres días tu única fuente de nutrientes ha sido aguardiente barato, estás acabado.
Cuando te dedican una canción llamada "Miedo a las Alturas", estás muy acabado.
Nos sentamos en la yerbita, que recién la cortaron y huele bueno. Estamos V, Kai, Koi, Li, El Ídolo y yo... Yo soy Aiden. Es mejor decir mi nombre ahora.
Li anda en una mezcla de desnutrición y resaca que pone su piel de color chocolate de un color amarillento. Un color maloliente y desteñido.
Kai trata de alimentar a Li con un paquete de galletitas, aunque él mismo parece tejido con alambre de cobre.
Koi se sienta como levitando, casi sin sentarse. Koi es una persona muy inusual.
V, en cambio, aunque tal vez pese menos que Li en sus peores dias, parece horadar la tierra con su presencia. Parece clavar las uñas en el suelo húmedo para arrancar un pedazo de mundo al desclavarlas.
Al Ídolo lo acaba de cagar un gallinazo.
Y yo pienso, somos un cuadro más que patético.
Sin Saffron, como una farola en frente de todos, somos una mierda...
Pero Saffron se fue, nos dejó para ir por el mundo y no nos quiere en el proceso.
Mentira, tal vez quiera a Koi.
Sabemos, todos lo sabemos aunque sólo a mí me lo ha admitido, que Saffron llama a Koi todos los martes por la noche.
Sabemos que Saffron tiene planes, que mantiene su ideal, que ahora tiene aliados que sí sirven para algo. Y ahora, también, tiene plata.
Y nosotros jodidos, sin un peso y con un ideal ya más carcomido que antes de Saffron. Tenemos motivaciones, un pasado, ahora solo queda preguntarnos si tenemos algún futuro.
Koi flota como una niebla oscura y etérea. Ausente. Más que Saffron.
Quizá pueda aliársele, largarse; y cuando tenga el mundo en sus manos, sentada en un trono ostentoso lleno de sedas y terciopelos, nos fije su mirada, por fin, por vez primera entre un millón de miradas gélidas.
Es esta más una recreación de mi mente, que imagina su semblante extraño y lejano como parte de dicho escenario, que una realidad, pues no creo que Koi sienta inclinación hacia tales demostraciones de poder, ni hacia la plata.
La plata!
Al diablo este mundo! Hasta para poder destruirlo necesitamos plata.
Un rayo de sol vespertino ilumina el paquete de galletas vacío que Li mira con aprensión.
Una brisa lo mueve, le da tres vueltas sobre el prado, lo aleja. Kai estira el brazo y lo recoge, lo mete en su bolsillo.
-Podríamos matar a Saffron- Dice V con firmeza.
-¿Para qué?- Reclamó Kai.
-De nada serviría- Digo yo, sacando un cesto lleno de manzanas bien maduras-¿Quién quiere manzanas?
Seis miradas aburridas, acabadas, se dirigen a mí, mientras mis dientes destruyen la delgada cáscara roja y mis muelas la mastican.
Yo todavía no estoy acabado.
TO BE CONTINUED
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lunes, marzo 09, 2009
Stainless
Se deslizó por las ruinas, entre la oscuridad, desplazando arena y rocas a sus lados. Buscaba minas, armas, lo que quedara. No encontraba mucho. Las armas escondidas de esos años eran arcaicas, y sus portadores primitivos. La cosa se arrastró, buscando. Tuvo una señal corta y se dirigió hacia ella.
Los restos de unas escaleras, huesos, restos de herramientas y objetos varios, todo tan surreal en el desierto lleno de esqueletos de árboles quemados y máquinas como él, como la cosa que explora. La cosa no sabe cómo más describirse, pero no importa. Sólo las cosas llegaban allí, y él era una buena cosa, una muy buena cosa. La cosa detectó un destello y se acercó, curioso. No era un arma, era un cilindro dorado con un círculo blanco incrustado. El círculo tenía líneas e inscripciones negras en su contorno, y tres palitos que giraban rítmicamente señalando los grabados negros. La cosa se preguntó, deslizando sus dedos de titanio por el metal del objeto, si le dejarían llevárselo.
Había más objetos en el sitio que la cosa desconocía. No parecían dañinos, ni buenos, pero eran bonitos para la cosa. Había muchas formas y colores, tan extraños para la cosa que quiso llevarlos todos. La cosa era muy resistente, pero no podía llevar objetos desconocidos y armas al mismo tiempo, no cabría por la entrada de su centro.
La cosa, molesta por llevar demasiado tiempo allí, curioseó por última vez uno de sus objetos favoritos, una lámina delgada y suave que le parecía extrañamente conocida. En ella estaba plasmada una imagen hermosa, representando un ser del color de las nubes al ocaso, o de la arena rosácea, y de perfectas formas redondeadas. El ser se perecía más a la cosa que a los seres que lo manejaban y la cosa acarició la imagen, plenamente feliz.
La cosa salió del escondite, veloz, esperada para ser fundida y convertida en municiones para armas de mediana calidad.
Los restos de unas escaleras, huesos, restos de herramientas y objetos varios, todo tan surreal en el desierto lleno de esqueletos de árboles quemados y máquinas como él, como la cosa que explora. La cosa no sabe cómo más describirse, pero no importa. Sólo las cosas llegaban allí, y él era una buena cosa, una muy buena cosa. La cosa detectó un destello y se acercó, curioso. No era un arma, era un cilindro dorado con un círculo blanco incrustado. El círculo tenía líneas e inscripciones negras en su contorno, y tres palitos que giraban rítmicamente señalando los grabados negros. La cosa se preguntó, deslizando sus dedos de titanio por el metal del objeto, si le dejarían llevárselo.
Había más objetos en el sitio que la cosa desconocía. No parecían dañinos, ni buenos, pero eran bonitos para la cosa. Había muchas formas y colores, tan extraños para la cosa que quiso llevarlos todos. La cosa era muy resistente, pero no podía llevar objetos desconocidos y armas al mismo tiempo, no cabría por la entrada de su centro.
La cosa, molesta por llevar demasiado tiempo allí, curioseó por última vez uno de sus objetos favoritos, una lámina delgada y suave que le parecía extrañamente conocida. En ella estaba plasmada una imagen hermosa, representando un ser del color de las nubes al ocaso, o de la arena rosácea, y de perfectas formas redondeadas. El ser se perecía más a la cosa que a los seres que lo manejaban y la cosa acarició la imagen, plenamente feliz.
La cosa salió del escondite, veloz, esperada para ser fundida y convertida en municiones para armas de mediana calidad.
Mire pa' que se divierta
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love is a whore
jueves, mayo 01, 2008
Because social misfits always want to rule the world
"Porque yo existo y tú no. Porque soy mejor que tú y no lo sabes. Porque con tu muerte no quedará más de ti que el esqueleto de una hoja marchita entre otro montón. Nadie me quiere, todos me odian, soy mitad gusano y mitad sabio. Comeré las hojas del árbol y escribiré mi propio Libro de la Vida. ¡Inscribe tu nombre, burdo hombrecillo o mujercilla, antes de que el holocausto humano suceda por fin!"
¡El loco vive solo en el apartamento 777! El loco no tiene reputación, no tiene amigos, tiene anguilas y una tía abuela que practica la santería. El loco se encontró a Dios un día en una bodega de Ramo (Deliciosa compañía proveedora de pastelillos y tortas ilegales). El loco no participa en el bingo de El Edificio, ni le rinde pleitesía a la Compañía de Bienes Raíces.
A veces el loco mira por la ventana deslizando la cortina blanca, mira a los transeúntes y se esconde, queriendo que piensen que es un fantasma. Lo sé porque lo murmura y yo lo he oído. Cuando la gente está loca murmura cosas.
La Compañía de Bienes Raíces* prohibió los fantasmas, las religiones distintas a lo Normal, los animales, los pasteles, la soledad, los "personajes de circo", la locura, las figurillas de animales prehistóricos, las fotos de gente muerta y cualquier cosa que incite la peligrosísima nostalgia. La Compañía de Bienes Raíces no permite la membresía de ancianos, porque son individuos propensos a la memoria. No le he dicho a nadie, pero tengo el álbum de láminas Jet (Una antigua y clausurada fábrica de chocolate, según sé) con las láminas de "Historia Geológica de la Tierra", y las de los animales extintos. Todos saben que es mentira, que la Tierra siempre ha sido así.
El loco tiene todos los elementos para ser expulsado por la Compañía. Es un individuo "altamente peligroso y detestable, un desecho para los honorables habitantes de El Edificio". No lo hacen porque no son capaces de entrar. Parece que hay una barrera invisible, un campo de fuerza, un avanzadísimo sistema de protección, o una cosa así. Yo no sé. A los de los apartamentos 789 y 800 los expulsaron por andar proclamando que la barrera era obra del Dios que habitaba en la bodega de Ramo o de los conjuros de la tía abuela bruja que vive allí escondida. "¡Blasfemos, supersticiosos, ignorantes!" los llamaron y los pusieron de patitas en la oscura calle, hábitat de parias.
Como no pueden echarlo, lo quieren "eliminar limpiamente". Seré imprudente con mi declaración, aún así no me parece que sea limpio ni mucho menos necesario quemar una casa con personas vivas dentro. La Compañía afirma que unos pocos individuos peligrosos no importan si se trata de alcanzar un fin noble como lo es el bienestar de El Edificio.
Dicho y hecho. Incendiaron el sitio. Yo miré el hecho con terror y mi corazón se encogía. Sollocé en silencio, porque llorar me metería en problemas. Está prohibido, prohibido... ¡Como todo! ¿Acaso no es nuestro el aire, la mente y el pedazo de suelo donde vivimos? Júzgueme el lector, ¿Soy una mujer cobarde y estúpida por permitir este sucio crimen? ¿Soy una fiel y responsable seguidora de la ley con blasfemas ideas rondándome en la cabeza?
Me alivia decir que, sin embargo, el loco no estaba allí. No había seres vivos en ese momento. Cómo supieron, cómo salieron; gritaban los de La Compañía en medio de su ira y las cenizas de muebles. No sé ni el día de hoy la respuesta a esas preguntas y le admitiré a cualquiera que se interese en saberlo que me gustaba mirar al loco cuando se asomaba por la ventana, que me gustaba su excentricidad y que hubiera querido que se quedara, Aunque me lleguen amonestaciones de "La nostalgia está prohibida".
Él volvió, una sola vez y al escondido. "¡Oriana!" Me gritó. Me asusté, estaba envuelto bajo una túnica negra.
-¿Qué sucede?
-Nada, no te asustes.-Dijo con seriedad-Quería que supieras que mis anguilas, mi tía y yo estamos bien. Los parias suelen ser buenas personas....
Casi que no salgo de mi estupefacción. Balbuceé algo que no recuerdo.
-De todas maneras gracias. Si no hubiera sido por tu sonambulismo jamás habría podido salir de esa cárcel. Te traje algo que sé que reconocerás.- Me dio algo pesado, no muy grande, envuelto en tela.- Adiós, nos veremos cuando todo esto se acabe... Oriana, tú también estás loca, no eres como ellos...
Encontré dentro de la tela una piedra del tamaño de un puño cerrado, con una extraña forma de espiral. Era como una de las laminitas pintadas de Jet**.
-¿Qué es esto?
-Un fósil.
*La Honorable Compañía de Bienes Raíces aclara que escribir relatos está rotundamente prohibido, sobre todo cuando contiene ideas tan vandálicas como las expuestas anteriormente. Apoyarlas o difundirlas resultará en expulsión inmediata.También les recordamos que el llanto, la memoria y las manifestaciones amorosas están totalmente prohibidos por resultar autodestructivos para quién los presente y molestos para los otros co-habitantes.
Cordial saludo.
**Lámina #72, Fósiles de la era secundaria.
¡El loco vive solo en el apartamento 777! El loco no tiene reputación, no tiene amigos, tiene anguilas y una tía abuela que practica la santería. El loco se encontró a Dios un día en una bodega de Ramo (Deliciosa compañía proveedora de pastelillos y tortas ilegales). El loco no participa en el bingo de El Edificio, ni le rinde pleitesía a la Compañía de Bienes Raíces.
A veces el loco mira por la ventana deslizando la cortina blanca, mira a los transeúntes y se esconde, queriendo que piensen que es un fantasma. Lo sé porque lo murmura y yo lo he oído. Cuando la gente está loca murmura cosas.
La Compañía de Bienes Raíces* prohibió los fantasmas, las religiones distintas a lo Normal, los animales, los pasteles, la soledad, los "personajes de circo", la locura, las figurillas de animales prehistóricos, las fotos de gente muerta y cualquier cosa que incite la peligrosísima nostalgia. La Compañía de Bienes Raíces no permite la membresía de ancianos, porque son individuos propensos a la memoria. No le he dicho a nadie, pero tengo el álbum de láminas Jet (Una antigua y clausurada fábrica de chocolate, según sé) con las láminas de "Historia Geológica de la Tierra", y las de los animales extintos. Todos saben que es mentira, que la Tierra siempre ha sido así.
El loco tiene todos los elementos para ser expulsado por la Compañía. Es un individuo "altamente peligroso y detestable, un desecho para los honorables habitantes de El Edificio". No lo hacen porque no son capaces de entrar. Parece que hay una barrera invisible, un campo de fuerza, un avanzadísimo sistema de protección, o una cosa así. Yo no sé. A los de los apartamentos 789 y 800 los expulsaron por andar proclamando que la barrera era obra del Dios que habitaba en la bodega de Ramo o de los conjuros de la tía abuela bruja que vive allí escondida. "¡Blasfemos, supersticiosos, ignorantes!" los llamaron y los pusieron de patitas en la oscura calle, hábitat de parias.
Como no pueden echarlo, lo quieren "eliminar limpiamente". Seré imprudente con mi declaración, aún así no me parece que sea limpio ni mucho menos necesario quemar una casa con personas vivas dentro. La Compañía afirma que unos pocos individuos peligrosos no importan si se trata de alcanzar un fin noble como lo es el bienestar de El Edificio.
Dicho y hecho. Incendiaron el sitio. Yo miré el hecho con terror y mi corazón se encogía. Sollocé en silencio, porque llorar me metería en problemas. Está prohibido, prohibido... ¡Como todo! ¿Acaso no es nuestro el aire, la mente y el pedazo de suelo donde vivimos? Júzgueme el lector, ¿Soy una mujer cobarde y estúpida por permitir este sucio crimen? ¿Soy una fiel y responsable seguidora de la ley con blasfemas ideas rondándome en la cabeza?
Me alivia decir que, sin embargo, el loco no estaba allí. No había seres vivos en ese momento. Cómo supieron, cómo salieron; gritaban los de La Compañía en medio de su ira y las cenizas de muebles. No sé ni el día de hoy la respuesta a esas preguntas y le admitiré a cualquiera que se interese en saberlo que me gustaba mirar al loco cuando se asomaba por la ventana, que me gustaba su excentricidad y que hubiera querido que se quedara, Aunque me lleguen amonestaciones de "La nostalgia está prohibida".
Él volvió, una sola vez y al escondido. "¡Oriana!" Me gritó. Me asusté, estaba envuelto bajo una túnica negra.
-¿Qué sucede?
-Nada, no te asustes.-Dijo con seriedad-Quería que supieras que mis anguilas, mi tía y yo estamos bien. Los parias suelen ser buenas personas....
Casi que no salgo de mi estupefacción. Balbuceé algo que no recuerdo.
-De todas maneras gracias. Si no hubiera sido por tu sonambulismo jamás habría podido salir de esa cárcel. Te traje algo que sé que reconocerás.- Me dio algo pesado, no muy grande, envuelto en tela.- Adiós, nos veremos cuando todo esto se acabe... Oriana, tú también estás loca, no eres como ellos...
Encontré dentro de la tela una piedra del tamaño de un puño cerrado, con una extraña forma de espiral. Era como una de las laminitas pintadas de Jet**.
-¿Qué es esto?
-Un fósil.
*La Honorable Compañía de Bienes Raíces aclara que escribir relatos está rotundamente prohibido, sobre todo cuando contiene ideas tan vandálicas como las expuestas anteriormente. Apoyarlas o difundirlas resultará en expulsión inmediata.También les recordamos que el llanto, la memoria y las manifestaciones amorosas están totalmente prohibidos por resultar autodestructivos para quién los presente y molestos para los otros co-habitantes.
Cordial saludo.
**Lámina #72, Fósiles de la era secundaria.
Mire pa' que se divierta
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jueves, diciembre 20, 2007
El ocaso del Imperio #3
La figura del palacio se acercaba, viéndose cada vez más inquietante. El tiempo corría, las alimañas se movían de un lado a otro y Lesath miraba las rocas para no preguntarse sobre lo que le esperaba después de esa noche. Una voz vagamente conocida la asustó. No-se dijo- no debería saber que voy hacia allá.
Aceleró el paso. El sendero del risco se había vuelto menos inaccesible y el miedo a caer se desvaneció.
Lesath...
¿Estás ahí?...
Otra vez el llamado. Una figura oscura aguardaba en el umbral del castillo. Era él quien la llamaba insistentemente, y ella se detuvo a observarlo.
-Podrías haberme pedido que te trajera.-Dijo él- Habría sido menos peligroso.
Lesath se limitó a fruncir el ceño ligeramente.
-Sé que no confías en mí ni en mi dirigible. Será mejor que entres, descanses y hablemos luego.
-No tengo tiempo. Tiene que ayudarme antes de que amanezca.
-Te he dicho que no me hables de usted. Por favor, entra.
Entraron a un salón tan enorme como opulento, iluminado por miles de velas que llenaban los estantes. Tales estantes habían sido fabricados en ébano negro por un grupo de artesanos de habilidad extraordinaria. El salón estaba vacío a excepción de los estantes y dos sillones ubicados al final de la estancia. Se dirigieron hacia allá y tomaron asiento.
-Me encanta que me visites. La cima de un risco no es el lugar perfecto para hacer amigos.
-Alphard..."Corazón de solitario"-Musitó Lesath-Tal vez ese sea tu destino.
-Tal vez sólo sea mi estúpido nombre. Noto que viniste para que te ayudara en algo.
-¿Cómo supiste que venía?
-Lo sentí en el viento.
-No soy imbécil.
-En parte si lo sentí en el viento, en parte te vi desde la torre y recordé que eres lo suficientemente orgullosa como para arriesgarte a caer desde el precipicio con tal de no pedirme un favor.
-Pedirte un favor es precisamente lo que voy a hacer.
-Sólo porque soy la última opción.
-Exactamente.
El rostro de Alphard Farkadain mostró una mueca de cansancio y Lesath procedió a realizar su petición.
-Necesito que le envíes ciertos manuscritos a alguien muy importante. Y por favor, que nadie lo sepa.
-Cuenta con eso.
Un suspiro de parte de Alphard. Estuvo a punto de levantarse, pero decidió hacer una pregunta.
-Dime una cosa, ¿Por qué me odias tanto?
-No odio a nadie. Es que prefiero no hablar con la gente. Además tu palacio y tu dirigible huelen a...
-Muerte y devastación. Ya sabía. ¿Tienes los manuscritos?
Lesath los sacó de una bolsa de tela.
-¿A quién debo enviarlos?
-A Berenice Benetnasch, en la Ciudad de Carcosa. Otra cosa, no debes permitir que la luz del sol los toque.
-¿Por qué?
No hubo respuesta.
-¡Phaed-5!- Gritó Alphard.
Una especie de sirviente albino con rasgos poco definidos entró a toda velocidad por una portezuela.
-Envía estos manuscritos a Berenice Benetnasch en Carcosa. Evita por todos los medios que los alcance la luz solar. Usa a Algorab. Hazlo lo más rápido posible.
-Sí, Señor.
Ni a Lesath ni a Alphard les preocupaba que Phaed-5 llegara a hablar más de lo debido, porque simplemente no lo consideraban una persona. Su visión de él era más parecida a la manera en que hoy vemos a un robot. Phaed-5 era algo perteneciente una raza de seres llamados "metasadachbianos", seres creados artificialmente tomando un espíritu totalmente doblegado y encerrándolo dentro de un cadáver (generalmente de un paria o enemigo). El ser resultante era un metasadachbiano-0 o "Padre", que luego podía ser clonado casi indefinidamente para generar más sirvientes o soldados. Phaed-5 era, por lo tanto, el quinto clon creado a partir de un Padre.
Alphard y Lesath guardaron silencio mientras Phaed-5 salía. La oscuridad ensombrecía a momentos sus rostros, jugando con las tenues llamas de las velas.
-Ve a descansar-Dijo Alphard-Por la mañana te llevaré de vuelta a la llanura.
-Tu dirigible es insoportable. Está lleno de esas cosas que van a terminar por matarme o enloquecerme.
-Las supuestas sombras malignas otra vez. Lo único que me hace considerar su existencia es que son la única cosa en el mundo a la que pareces tenerle miedo.
-Parece que sólo entiendes lo que tus ojos ven. Supongo que tendré que quedarme aquí.
-Ven, te mostraré una habitación.
Se dirigieron hacia unas cortinas situadas en el fondo y desaparecieron tras ellas.
En aquel mismo momento, un cuervo gigantesco salía de una de las terrazas del castillo y llevaba un paquete cuidadosamente cerrado y asegurado hacia la lejana y resplandeciente Ciudad de Carcosa.
Aceleró el paso. El sendero del risco se había vuelto menos inaccesible y el miedo a caer se desvaneció.
Lesath...
¿Estás ahí?...
Otra vez el llamado. Una figura oscura aguardaba en el umbral del castillo. Era él quien la llamaba insistentemente, y ella se detuvo a observarlo.
-Podrías haberme pedido que te trajera.-Dijo él- Habría sido menos peligroso.
Lesath se limitó a fruncir el ceño ligeramente.
-Sé que no confías en mí ni en mi dirigible. Será mejor que entres, descanses y hablemos luego.
-No tengo tiempo. Tiene que ayudarme antes de que amanezca.
-Te he dicho que no me hables de usted. Por favor, entra.
Entraron a un salón tan enorme como opulento, iluminado por miles de velas que llenaban los estantes. Tales estantes habían sido fabricados en ébano negro por un grupo de artesanos de habilidad extraordinaria. El salón estaba vacío a excepción de los estantes y dos sillones ubicados al final de la estancia. Se dirigieron hacia allá y tomaron asiento.
-Me encanta que me visites. La cima de un risco no es el lugar perfecto para hacer amigos.
-Alphard..."Corazón de solitario"-Musitó Lesath-Tal vez ese sea tu destino.
-Tal vez sólo sea mi estúpido nombre. Noto que viniste para que te ayudara en algo.
-¿Cómo supiste que venía?
-Lo sentí en el viento.
-No soy imbécil.
-En parte si lo sentí en el viento, en parte te vi desde la torre y recordé que eres lo suficientemente orgullosa como para arriesgarte a caer desde el precipicio con tal de no pedirme un favor.
-Pedirte un favor es precisamente lo que voy a hacer.
-Sólo porque soy la última opción.
-Exactamente.
El rostro de Alphard Farkadain mostró una mueca de cansancio y Lesath procedió a realizar su petición.
-Necesito que le envíes ciertos manuscritos a alguien muy importante. Y por favor, que nadie lo sepa.
-Cuenta con eso.
Un suspiro de parte de Alphard. Estuvo a punto de levantarse, pero decidió hacer una pregunta.
-Dime una cosa, ¿Por qué me odias tanto?
-No odio a nadie. Es que prefiero no hablar con la gente. Además tu palacio y tu dirigible huelen a...
-Muerte y devastación. Ya sabía. ¿Tienes los manuscritos?
Lesath los sacó de una bolsa de tela.
-¿A quién debo enviarlos?
-A Berenice Benetnasch, en la Ciudad de Carcosa. Otra cosa, no debes permitir que la luz del sol los toque.
-¿Por qué?
No hubo respuesta.
-¡Phaed-5!- Gritó Alphard.
Una especie de sirviente albino con rasgos poco definidos entró a toda velocidad por una portezuela.
-Envía estos manuscritos a Berenice Benetnasch en Carcosa. Evita por todos los medios que los alcance la luz solar. Usa a Algorab. Hazlo lo más rápido posible.
-Sí, Señor.
Ni a Lesath ni a Alphard les preocupaba que Phaed-5 llegara a hablar más de lo debido, porque simplemente no lo consideraban una persona. Su visión de él era más parecida a la manera en que hoy vemos a un robot. Phaed-5 era algo perteneciente una raza de seres llamados "metasadachbianos", seres creados artificialmente tomando un espíritu totalmente doblegado y encerrándolo dentro de un cadáver (generalmente de un paria o enemigo). El ser resultante era un metasadachbiano-0 o "Padre", que luego podía ser clonado casi indefinidamente para generar más sirvientes o soldados. Phaed-5 era, por lo tanto, el quinto clon creado a partir de un Padre.
Alphard y Lesath guardaron silencio mientras Phaed-5 salía. La oscuridad ensombrecía a momentos sus rostros, jugando con las tenues llamas de las velas.
-Ve a descansar-Dijo Alphard-Por la mañana te llevaré de vuelta a la llanura.
-Tu dirigible es insoportable. Está lleno de esas cosas que van a terminar por matarme o enloquecerme.
-Las supuestas sombras malignas otra vez. Lo único que me hace considerar su existencia es que son la única cosa en el mundo a la que pareces tenerle miedo.
-Parece que sólo entiendes lo que tus ojos ven. Supongo que tendré que quedarme aquí.
-Ven, te mostraré una habitación.
Se dirigieron hacia unas cortinas situadas en el fondo y desaparecieron tras ellas.
En aquel mismo momento, un cuervo gigantesco salía de una de las terrazas del castillo y llevaba un paquete cuidadosamente cerrado y asegurado hacia la lejana y resplandeciente Ciudad de Carcosa.
Mire pa' que se divierta
apocalipsis,
oscuridad,
seriados
jueves, noviembre 01, 2007
El ocaso del imperio #1
Todos miramos la caída del sol, exhaustos. Todos nos sentimos tan...derrotados. Pero nunca ha valido de nada lamentarse, los muertos no se levantarán por la mañana. Pensándolo bien, mañana no habrá Rey ni victoria. Mañana ni siquiera habrá un nosotros.
El Palacio Real se llenará de maleza y la esplendorosa ciudad de Carcosa se reducirá a escombros y Dios nos habrá castigado con el silencio del pasado, pero no sabemos por qué nos ha castigado. ¡Dios no es nada sin el hombre! No habrá más prímulas en su templo. Aunque mañana tampoco existirán las prímulas ni los templos. Mañana sólo habrá maleza. Maleza, escombros y lobos.
Tal vez Dios se muera sin sus prímulas y sin los cantos del hombre. Nosotros no vamos a perdonar a Dios y Dios también conocerá el ocaso...
Me gustaría levantarme y recoger prímulas, me gustaría regalárselas a alguien, me gustarían tantas cosas....y aunque sirviera de algo fijarse en las flores en este momento tendría que pasar frente a las miradas de los demás. Porque yo sé que miramos el horizonte para no vernos los ojos entre sí, sé que ninguno podría soportarlo. Nuestra sentencia se anticipa en cada mirada llena de vacío y por eso parece que aguardáramos el olvido del mañana; cuando si no fuera por tratar de darle alguna utilidad al sacrificio nos tiraríamos al río.
Nunca había visto el río más hermoso,parece que intentara quedar bien con nuestra memoria. ¿Qué va a pasar con todos estos recuerdos, qué va a pasar con toda la lucha, qué va a ser de todo nuestro dolor? Sí sólo los lobos pudieran recordar y contar la historia...entonces nuestra tristeza sería algo más que polvo al viento.
prímulas...
El Palacio Real se llenará de maleza y la esplendorosa ciudad de Carcosa se reducirá a escombros y Dios nos habrá castigado con el silencio del pasado, pero no sabemos por qué nos ha castigado. ¡Dios no es nada sin el hombre! No habrá más prímulas en su templo. Aunque mañana tampoco existirán las prímulas ni los templos. Mañana sólo habrá maleza. Maleza, escombros y lobos.
Tal vez Dios se muera sin sus prímulas y sin los cantos del hombre. Nosotros no vamos a perdonar a Dios y Dios también conocerá el ocaso...
Me gustaría levantarme y recoger prímulas, me gustaría regalárselas a alguien, me gustarían tantas cosas....y aunque sirviera de algo fijarse en las flores en este momento tendría que pasar frente a las miradas de los demás. Porque yo sé que miramos el horizonte para no vernos los ojos entre sí, sé que ninguno podría soportarlo. Nuestra sentencia se anticipa en cada mirada llena de vacío y por eso parece que aguardáramos el olvido del mañana; cuando si no fuera por tratar de darle alguna utilidad al sacrificio nos tiraríamos al río.
Nunca había visto el río más hermoso,parece que intentara quedar bien con nuestra memoria. ¿Qué va a pasar con todos estos recuerdos, qué va a pasar con toda la lucha, qué va a ser de todo nuestro dolor? Sí sólo los lobos pudieran recordar y contar la historia...entonces nuestra tristeza sería algo más que polvo al viento.
prímulas...
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