(Uno muy cortito, mientras me desocupo)
El suicida, contemplando las alturas desde el borde de un rascacielos, cedió en sus intenciones de quitarse la vida, las lanzó todas a un lado.
El edificio que lo sostenía, abrumado por el peso de sus intenciones, colapsó desde sus cimientos.
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domingo, mayo 15, 2011
miércoles, junio 23, 2010
Blah
---(Femme Fatale)
Un miedo que me embarga,
una mano que me ahorca,
un tiempo que se agota
y la sangre en la cama.
Un conejo que se mata,
un pellejo que se hincha.
Un abrigo que se pinta,
más el carmín en mi cara.
Una gota que derramo,
el azúcar que le falta,
la polvera de max-factor
y las llaves de mi casa.
Las pastillas que no tomo,
el dormir que sí me cansa,
las promesas que así haga,
ni las cumplo ni las corto.
--------(El apogeo y la caída del innoble caballero)
Nadie es eterno,
mi querido caballero.
Y aunque cabalgaste por selvas de hierro,
se extinguió tu vida en un breve resuello.
Y aunque escalaste montañas de suplicio entero,
te secuestró el diablo con trucos de viejo.
Y aunque corriste, luchaste, amaste,
nosotros escapamos de las nubes en tu entierro.
Pero no pudimos, nos atraparon de nuevo,
justo como cuando los cristales quedaron abiertos,
justo como cuando no pudiste levantar el vuelo.
Tan loco y tan valiente,
así es como has muerto,
mi querido y efímero guerrero.
Un miedo que me embarga,
una mano que me ahorca,
un tiempo que se agota
y la sangre en la cama.
Un conejo que se mata,
un pellejo que se hincha.
Un abrigo que se pinta,
más el carmín en mi cara.
Una gota que derramo,
el azúcar que le falta,
la polvera de max-factor
y las llaves de mi casa.
Las pastillas que no tomo,
el dormir que sí me cansa,
las promesas que así haga,
ni las cumplo ni las corto.
--------(El apogeo y la caída del innoble caballero)
Nadie es eterno,
mi querido caballero.
Y aunque cabalgaste por selvas de hierro,
se extinguió tu vida en un breve resuello.
Y aunque escalaste montañas de suplicio entero,
te secuestró el diablo con trucos de viejo.
Y aunque corriste, luchaste, amaste,
nosotros escapamos de las nubes en tu entierro.
Pero no pudimos, nos atraparon de nuevo,
justo como cuando los cristales quedaron abiertos,
justo como cuando no pudiste levantar el vuelo.
Tan loco y tan valiente,
así es como has muerto,
mi querido y efímero guerrero.
Mire pa' que se divierta
breves,
femme fatale,
madness,
pseudolírica,
suicidas
lunes, febrero 01, 2010
Superman
Superman lee Sobre Héroes y Tumbas.
Superman tiembla.
Superman piensa en decidir su destino con una moneda.
Superman le teme a las sillas de ruedas.
Superman canta en la ducha.
La barra de jabón se rompe entre sus manos;
justo como la taza de café, como las gafas de marco grueso.
La kriptonita no es sólo verde.
En un día gris, Superman muere.
En su nombre construyen un puente.
Un hombre llamado Ignacio es ignorado por el gobierno.
Se vuelve terrorista, construye armamento casero.
Planta bombas en las columnas del puente.
Les pone tiempo, él es paciente.
Mira las aguas turbias corriendo bajo sus pies.
Mira el cielo en busca de un hombre volador.
Ignacio cae al agua, no sabe nadar,
nadie viene a salvarlo.
Otros cuarenta caen con él,
Superman ha muerto por segunda vez.
En un día gris, Ignacio muere.
En su nombre no construyen nada.
Superman tiembla.
Superman piensa en decidir su destino con una moneda.
Superman le teme a las sillas de ruedas.
Superman canta en la ducha.
La barra de jabón se rompe entre sus manos;
justo como la taza de café, como las gafas de marco grueso.
La kriptonita no es sólo verde.
En un día gris, Superman muere.
En su nombre construyen un puente.
Un hombre llamado Ignacio es ignorado por el gobierno.
Se vuelve terrorista, construye armamento casero.
Planta bombas en las columnas del puente.
Les pone tiempo, él es paciente.
Mira las aguas turbias corriendo bajo sus pies.
Mira el cielo en busca de un hombre volador.
Ignacio cae al agua, no sabe nadar,
nadie viene a salvarlo.
Otros cuarenta caen con él,
Superman ha muerto por segunda vez.
En un día gris, Ignacio muere.
En su nombre no construyen nada.
Por los supervillanos lágrimas no se derraman.
Mire pa' que se divierta
definiciones,
escriticos insanos,
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homicidas,
la suciedad humana,
pseudolírica,
suicidas
viernes, enero 22, 2010
En Breve
1. (Autorreferente)
Un contenido sin persona,
Un contenido sin persona,
mis palabras hablan por mii.
Soy una mujer de letras, de versos.Callada, sin escribir, no valgo nada.
Knoizki murió mientras
2. (Knoizki)
Lleno de lágrimas en una bañera caliente,
murmuraba amenazas de muerte
A cualquiera que escuchando estuviera.3. (Domingo, escrito en lunes)
La tristeza, y la soledad
Una imagen religiosa
La tristeza, y la soledad
y la falsedad
de este mundo soleado donde las hojas caen,
donde no vive nadie. Una imagen religiosa
que tan solo llora.
Un vago, un loco Ciudad. Ninguna hora
Mire pa' que se divierta
breves,
ciudad,
pseudolírica,
suicidas
lunes, diciembre 28, 2009
En la horca lo que te mata es la ruptura del cuello, no la asfixia
No sé si usted ha tenido la sensación de conocer a su némesis. Esa persona que sólo le da dos opciones: O que usted acabe con ella o que ella acabe con usted. Esa persona que usted mira a los ojos y ve en ellos todo lo que usted ha vivido para temer y odiar. Sin embargo, usted está consciente de que en realidad esos ojos también son los suyos. En el fondo usted admite que no está viendo un enemigo, está viendo lo que por razones oscuras y decisiones propias usted no llegó a ser. Se está viendo a usted mismo plasmado en un mundo que escapa a su mente.
Esa persona, sí, intrigante, repulsiva, atrayente, maldita. Va a traer desdichas a su vida. Vive para destruir lo que usted desea construir. Por sus sueños, por sus ideales, ¿Por qué no destruirla? O al menos ir a un sitio lejos, muy lejos de ella. Ah, pero la fascinación permanece, ¿No es así?
Aunque la odia, aunque la aborrece, hay un vínculo que no puede cortar. Las esencias son iguales. Tal vez usted decida ser prudente y cuerdo, una persona normal, y caminar en la dirección contraria. O tal vez elija ese demoníaco atractivo que no puede evitar. Él, ella, tiene muchas más cosas en común con usted de las que podría imaginarse. No sería extraño que se convirtiera en su mejor amigo, o en su amante.
¿Cree que después de todo lo que he dicho podrá salir bien parado de esa relación? Porque usted va a arrastrarse por lugares dentro de su alma que desconoce completamente. Lugares sórdidos, lugares iluminados, lugares a los que solo puede hacerlo llegar alguien que nunca podría ser como usted. Nunca podrán a volver a ser los mismos, ni usted ni su némesis. Desde el momento en que ninguno de los dos huyó del otro, la destrucción mutua quedó asegurada. Ha sido desde el principio una partida de ajedrez, una bastante cruel.
El odio llegará porque siempre ha estado ahí.
Es una criatura repulsiva, no se parece a usted. Nunca podrá. Es un peligro. Lo amará, lo odiará y sólo Satán sabe hasta dónde llegará esto.
Están hechos para herirse.
Lo odia, no lo odia. ¿Lo odia? Sí, lo odia.
Retroceder es imposible.
Todos los caminos llevan al infierno.
Bang! Lo odia. Bang! Mátelo.
Siéntese solo con la pistola ardiendo, con los restos de pólvora en la manga de la camisa. Usted es apenas esa otra posibilidad de todos los demás, lo que ellos podrían ser bajo otras circunstancias. El juez va a sentenciarlo, tras mirar dentro de sus ojos (Ojos asesinos, ¿Son distintos a los otros?). Probablemente vea la verdad. Quién sabe, tal vez se encuentre a sí mismo siendo el criminal. No lo dirá y no lo exonerará, el juez no es tonto.
Mírese usted a los ojos. ¿Desde cuándo es un asesino, un despojo humano? ¿Siempre lo fue? Culpa de su padre, dice su madre. Culpa del ácido, dice su padre. Culpa del trastorno paranoide, dice el loquero.
Mire los ojos fijos e inertes de su némesis. Es tan parecido al suicidio lo que usted ha hecho…
Mire a la muerte lamiendo los cadáveres en el patíbulo. Mírela riéndose de usted. Mire una y otra vez los pecados de su némesis.
Míreme y dígame quién está loco. ¿El mundo o yo? Míreme cuando me pasen la cuerda al cuello y dígame que hay algo en usted que lo detiene de ser yo; o de ser ella, mi víctima.
Trate de jurarlo, trate de no bajar la vista. Trate, trate y trate, pero no puede evitar SER como yo.
Esa persona, sí, intrigante, repulsiva, atrayente, maldita. Va a traer desdichas a su vida. Vive para destruir lo que usted desea construir. Por sus sueños, por sus ideales, ¿Por qué no destruirla? O al menos ir a un sitio lejos, muy lejos de ella. Ah, pero la fascinación permanece, ¿No es así?
Aunque la odia, aunque la aborrece, hay un vínculo que no puede cortar. Las esencias son iguales. Tal vez usted decida ser prudente y cuerdo, una persona normal, y caminar en la dirección contraria. O tal vez elija ese demoníaco atractivo que no puede evitar. Él, ella, tiene muchas más cosas en común con usted de las que podría imaginarse. No sería extraño que se convirtiera en su mejor amigo, o en su amante.
¿Cree que después de todo lo que he dicho podrá salir bien parado de esa relación? Porque usted va a arrastrarse por lugares dentro de su alma que desconoce completamente. Lugares sórdidos, lugares iluminados, lugares a los que solo puede hacerlo llegar alguien que nunca podría ser como usted. Nunca podrán a volver a ser los mismos, ni usted ni su némesis. Desde el momento en que ninguno de los dos huyó del otro, la destrucción mutua quedó asegurada. Ha sido desde el principio una partida de ajedrez, una bastante cruel.
El odio llegará porque siempre ha estado ahí.
Es una criatura repulsiva, no se parece a usted. Nunca podrá. Es un peligro. Lo amará, lo odiará y sólo Satán sabe hasta dónde llegará esto.
Están hechos para herirse.
Lo odia, no lo odia. ¿Lo odia? Sí, lo odia.
Retroceder es imposible.
Todos los caminos llevan al infierno.
Bang! Lo odia. Bang! Mátelo.
Siéntese solo con la pistola ardiendo, con los restos de pólvora en la manga de la camisa. Usted es apenas esa otra posibilidad de todos los demás, lo que ellos podrían ser bajo otras circunstancias. El juez va a sentenciarlo, tras mirar dentro de sus ojos (Ojos asesinos, ¿Son distintos a los otros?). Probablemente vea la verdad. Quién sabe, tal vez se encuentre a sí mismo siendo el criminal. No lo dirá y no lo exonerará, el juez no es tonto.
Mírese usted a los ojos. ¿Desde cuándo es un asesino, un despojo humano? ¿Siempre lo fue? Culpa de su padre, dice su madre. Culpa del ácido, dice su padre. Culpa del trastorno paranoide, dice el loquero.
Mire los ojos fijos e inertes de su némesis. Es tan parecido al suicidio lo que usted ha hecho…
Mire a la muerte lamiendo los cadáveres en el patíbulo. Mírela riéndose de usted. Mire una y otra vez los pecados de su némesis.
Míreme y dígame quién está loco. ¿El mundo o yo? Míreme cuando me pasen la cuerda al cuello y dígame que hay algo en usted que lo detiene de ser yo; o de ser ella, mi víctima.
Trate de jurarlo, trate de no bajar la vista. Trate, trate y trate, pero no puede evitar SER como yo.
Mire pa' que se divierta
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de la historia,
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oscuridad,
pesadillas,
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miércoles, septiembre 23, 2009
Saffron
-Fuck damnation, man! Fuck redemption! We are God's unwanted children? So be it!
Tyler Durden, Fight Club.
Las nubes, densas, se arremolinaban sobre el estadio...
-Qué mal clima.
-Sí.
-Si empieza a llover cancelan el partido. Y este valle ya va para lago.
-Bah- Resopló. Qué importaba eso. Que se acabe el mundo y punto, nada de calentamiento global, nada de tierras anegadas.
Que sólo se acabe el mundo.
-Saffron va a conquistar el mundo?- Pregunté, sin mirarla.
-Sí.
-Nos va a conquistar a nosotros?
-Sí. Tal vez nos degüelle, tal vez no se le antoje.
-Por qué lo hace?
Ninguna respuesta. Un home run, todos vitorean. Koi gritó, como todos los demás.
-Vas a detener a Saffron?- Continué preguntando.
-No.
La mirada fija en el partido, el ceño fruncido. Los músculos tensos, como a punto de saltar sobre el enemigo.
-Tengo mis propios planes- Dijo Koi- Saffron es... mi amigo.
De héroe a amenaza para la vida humana como la conocemos. De Saffron nada se sabe.
Y de Koi?
-Koi... Me odias? Quieres matarme?
-Por qué lo haría... Aiden?
Pasó sus dedos sobre mi cabello y lo revolvió suavemente.
-Aiden... me voy.
Se largó. Muy rápido, y no me dejó ni la gaseosa.
Decidí quedarme a ver los resultados del partido. Los rojos contra los negros.
Koi y Saffron.
Justamente, como en una partida de ajedrez.
TO BE CONTINUED...
Tyler Durden, Fight Club.
Las nubes, densas, se arremolinaban sobre el estadio...
-Qué mal clima.
-Sí.
-Si empieza a llover cancelan el partido. Y este valle ya va para lago.
-Bah- Resopló. Qué importaba eso. Que se acabe el mundo y punto, nada de calentamiento global, nada de tierras anegadas.
Que sólo se acabe el mundo.
-Saffron va a conquistar el mundo?- Pregunté, sin mirarla.
-Sí.
-Nos va a conquistar a nosotros?
-Sí. Tal vez nos degüelle, tal vez no se le antoje.
-Por qué lo hace?
Ninguna respuesta. Un home run, todos vitorean. Koi gritó, como todos los demás.
-Vas a detener a Saffron?- Continué preguntando.
-No.
La mirada fija en el partido, el ceño fruncido. Los músculos tensos, como a punto de saltar sobre el enemigo.
-Tengo mis propios planes- Dijo Koi- Saffron es... mi amigo.
De héroe a amenaza para la vida humana como la conocemos. De Saffron nada se sabe.
Y de Koi?
-Koi... Me odias? Quieres matarme?
-Por qué lo haría... Aiden?
Pasó sus dedos sobre mi cabello y lo revolvió suavemente.
-Aiden... me voy.
Se largó. Muy rápido, y no me dejó ni la gaseosa.
Decidí quedarme a ver los resultados del partido. Los rojos contra los negros.
Koi y Saffron.
Justamente, como en una partida de ajedrez.
TO BE CONTINUED...
miércoles, marzo 18, 2009
Perfecta
En un balbuceo torpe, en los retos afilados de un tarro de colonia, has descubierto que no soy perfecta. Que mi sonrisa se logra fácil: Halando los músculos de mis mejillas hacia arriba sin mayor implicación. No quería que te enteraras, pues era eso lo que nos mantenía como iguales, como simples transeúntes gritones hablando de aguacates. He quedado fuera de cualquier escala comparativa.
Perdona, transeúnte mío, de adelantado te digo. No permitiré que me vigiles como a otra fracasada más.
Hasta dónde llegaré, es difícil de saber.
Perdona, transeúnte mío, de adelantado te digo. No permitiré que me vigiles como a otra fracasada más.
Hasta dónde llegaré, es difícil de saber.
Mire pa' que se divierta
suele suceder,
suicidas,
yo yo yo
sábado, marzo 14, 2009
Mediocre
A dos personas que quiero y a una con la que soñé anoche.
Envuelta como una momia me despojo de la manta celeste cuando suena el teléfono, deseando que sea para mí.
Como es lógico, no lo es.
Como un hamster en una jaula, arrinconada. Cuatro paredes oscuras, dos cortinas cerradas, un bombillo apagado y afuera en el cielo vespertino no hay ni una sola nube.
Adentro los pósters me vigilan, hay otro que quiero pegar, pero necesito cinta y en mi cuarto no hay.
Hoy no fui y mañana tampoco.
¿Me oyeron?
Ya no voy más.
Envuelta como una momia me despojo de la manta celeste cuando suena el teléfono, deseando que sea para mí.
Como es lógico, no lo es.
Como un hamster en una jaula, arrinconada. Cuatro paredes oscuras, dos cortinas cerradas, un bombillo apagado y afuera en el cielo vespertino no hay ni una sola nube.
Adentro los pósters me vigilan, hay otro que quiero pegar, pero necesito cinta y en mi cuarto no hay.
Hoy no fui y mañana tampoco.
¿Me oyeron?
Ya no voy más.
Mire pa' que se divierta
cinismo,
love is a whore,
suicidas,
yo yo yo
martes, enero 06, 2009
Pequeña historia sobre una matica de acónito y un hombre triste al que le gustaba la carne en punto azul
Se sentó y comenzó a comerse las flores. Eran color púrpura, púrpura azulado, él sabía que así serían. También esperaba que funcionaran. A él le gustaría un método rápido e indoloro, pero no se pudo porque por alguna razón el monóxido de carbono no le hacía mucho efecto. En realidad se tuvo que salir del garaje donde estaba porque ya tenía mucha hambre y había decidido que si en doce horas seguía vivo era bobada seguir con eso. Pensó en saltar de un puente, no lo hizo porque el río le pareció muy cochino, y si él se iba a matar, no iba a ser nadando en mierda. Esos eran sus pensamientos, los cuales trataban de negar el hecho de que las alturas le daban mucho miedo. Y así fue, que el día en que se alejó de la baranda del puente,y de aquellas aguas inmundas, que se preguntó si en realidad él era un hombre cobarde. Lo de cobarde ya lo había aceptado, se lo decía su mamá cada vez que berreaba al oír la pólvora decembrina. Era lo de hombre lo que el dudaba. No precisamente la parte de hombre hombre, él se consideraba heterosexual (Aunque pensándolo bien, esa cosa de matarse comiendo flores estaba como rarita), pero sí la parte de hombre humano. Se lo contó a su mejor amigo y este le respondió "Parce, andá donde un psicólogo". Luego no le contó a nadie más.
Se dirigió a la estación de metro más cercana al puente, y allá los pasajeros lo miraron feísimo, como si oliera maluco. Y de hecho, él mismo se dio cuenta de que olía a pura chanda de la calle. Lo sabía porque le pasaba cuando sudaba, y el pensamiento de ahogarse entre desperdicios humanos lo había agitado un poco. Las personas, cuando lo conocían, le preguntaban que si tenía perros, desconociendo que los perros de toda raza, tamaño y condición insistían en morderlo. Así que pensó, que para matarlo, se necesitaba algo no para matar humanos, pero sí para matar eso.... eso que él creía, no, creía no es la expresión correcta, sabía que él era. Compró una cuchilla
de plata, y quiso cortarse las venas con ella. Era tal la agonía de rozar el material con las yemas de los dedos que todavía las tenía vendadas, y por supuesto, jamas habría sido capaz de quitarse la vida con el trozo del brillante metal. Le tenía tanto miedo al dolor... Y en esas, tecleando con la mano izquierda porque la derecha estaba como rociada con ácido, halló algo que podría terminar con todo. Unas flores. Acónito, así se llaman.
Fue a un vivero, las compró, luego de oír las fastidiosas recomendaciones acerca de como-no-intoxicarse-con-acónito y fue a sentarse debajo de un urapán a ver el crepúsculo, hallándose en su situación actual. Púrpura azuladas y no olían muy bien que digamos. Ya estaba algo oscuro y no se olía nadie en los alrededores.
Pensó que al menos las capacidades de su nariz eran un poco útiles. En cambio, los colmillos y el oído no. Fastidiaban. Tardó en darse cuenta de que no era normal que los sonidos agudos dolieran tanto. ¿Acaso a su madre, o a sus seis hermanos, les interesaba? Se dijo que no debía pensar en cosas tan aburridas y le pegó un buen mordisco a la planta que tenía consigo.
Bostezó cansado del ajetreado día, alzando la mirada mientras masticaba las flores amargas. Entre las nubes sucias de la ciudad la luna redonda se levantó resplandeciente, golpeando con fuerza en sus grandes ojos dorados...
Better while listening to: Seventh Son of a Seventh Son - Iron Maiden
Se dirigió a la estación de metro más cercana al puente, y allá los pasajeros lo miraron feísimo, como si oliera maluco. Y de hecho, él mismo se dio cuenta de que olía a pura chanda de la calle. Lo sabía porque le pasaba cuando sudaba, y el pensamiento de ahogarse entre desperdicios humanos lo había agitado un poco. Las personas, cuando lo conocían, le preguntaban que si tenía perros, desconociendo que los perros de toda raza, tamaño y condición insistían en morderlo. Así que pensó, que para matarlo, se necesitaba algo no para matar humanos, pero sí para matar eso.... eso que él creía, no, creía no es la expresión correcta, sabía que él era. Compró una cuchilla
de plata, y quiso cortarse las venas con ella. Era tal la agonía de rozar el material con las yemas de los dedos que todavía las tenía vendadas, y por supuesto, jamas habría sido capaz de quitarse la vida con el trozo del brillante metal. Le tenía tanto miedo al dolor... Y en esas, tecleando con la mano izquierda porque la derecha estaba como rociada con ácido, halló algo que podría terminar con todo. Unas flores. Acónito, así se llaman.
Fue a un vivero, las compró, luego de oír las fastidiosas recomendaciones acerca de como-no-intoxicarse-con-acónito y fue a sentarse debajo de un urapán a ver el crepúsculo, hallándose en su situación actual. Púrpura azuladas y no olían muy bien que digamos. Ya estaba algo oscuro y no se olía nadie en los alrededores.
Pensó que al menos las capacidades de su nariz eran un poco útiles. En cambio, los colmillos y el oído no. Fastidiaban. Tardó en darse cuenta de que no era normal que los sonidos agudos dolieran tanto. ¿Acaso a su madre, o a sus seis hermanos, les interesaba? Se dijo que no debía pensar en cosas tan aburridas y le pegó un buen mordisco a la planta que tenía consigo.
Bostezó cansado del ajetreado día, alzando la mirada mientras masticaba las flores amargas. Entre las nubes sucias de la ciudad la luna redonda se levantó resplandeciente, golpeando con fuerza en sus grandes ojos dorados...
Better while listening to: Seventh Son of a Seventh Son - Iron Maiden
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hombres lobo,
illness,
suicidas
domingo, agosto 24, 2008
Mi cabeza es un buen revólver
-Viernes de mierda-Digo, como obligatoria declaración semanal- Creo que hoy si me voy a pegar un tiro.
-Tengo una pistola, si sirve de ayuda...
-Sí claro, pedazo de imbécil.
-¿Qué dijiste?
Me bloquea el paso, con expresión fiera. Miro hacia abajo, sigo llevándole una cabeza. Pero no la subestimo, estoy consciente de que me supera en fuerza y en longitud de uñas.
-Dije que sos un pedazo de imbécil.
Se corre a un lado disgustada. Qué gran malgasto de energía sería golpearme cada vez que le doy motivos. Y cuando quiere golpearme, tengo el consuelo de tener piernas más largas.
Otra muchacha que camina a nuestro lado zanja nuestra conversación con un banal comentario sobre el párrafo que lee en el instante.
-Y "Los respetables gustos del suicida los dejaremos para más adelante". Menos mal, que idiotez las ideas suicidas.
Alguien se ríe entre pensamientos difusos. El resto ni siquiera cambian la expresión del rostro.
-Parece que siempre nos descartan-Digo yo.
-Aquí no hay suicidas.
Levanto el antebrazo de la chica de la pistola. El tramado de cicatrices es evidente. Ella apenas susurra "¡No mires!" y quita el brazo con rabia.
-Ella sólo lo hace por llamar la atención.
-Claro que no. Es ahora que lo hace para manipular afectos, pero no siempre ha sido así.
La muchacha del libro mira a la muchacha de la pistola. Ella se encoge de hombros y responde:
-Ya que se me presentó la oportunidad de usar esto para manipular...
Seguimos caminando, meditando. Y es viernes y el sol me arde tanto en la cara y mis manos están manchadas.No sería viernes si no estuvieran manchadas.
-Maldito viernes. Como quisiera que alguien me pegara... y que no seás vos.
La muchacha de la pistola baja la mirada. Ha perdido la oportunidad. Pero es mediodía y sus manos están limpias y las cicatrices son como grabados en la piedra. Pero a ella no le arde el sol y sus ojos como profundísimos pozos negros absorben la luz sin ningún remedio.
-Tengo una pistola, si sirve de ayuda...
-Sí claro, pedazo de imbécil.
-¿Qué dijiste?
Me bloquea el paso, con expresión fiera. Miro hacia abajo, sigo llevándole una cabeza. Pero no la subestimo, estoy consciente de que me supera en fuerza y en longitud de uñas.
-Dije que sos un pedazo de imbécil.
Se corre a un lado disgustada. Qué gran malgasto de energía sería golpearme cada vez que le doy motivos. Y cuando quiere golpearme, tengo el consuelo de tener piernas más largas.
Otra muchacha que camina a nuestro lado zanja nuestra conversación con un banal comentario sobre el párrafo que lee en el instante.
-Y "Los respetables gustos del suicida los dejaremos para más adelante". Menos mal, que idiotez las ideas suicidas.
Alguien se ríe entre pensamientos difusos. El resto ni siquiera cambian la expresión del rostro.
-Parece que siempre nos descartan-Digo yo.
-Aquí no hay suicidas.
Levanto el antebrazo de la chica de la pistola. El tramado de cicatrices es evidente. Ella apenas susurra "¡No mires!" y quita el brazo con rabia.
-Ella sólo lo hace por llamar la atención.
-Claro que no. Es ahora que lo hace para manipular afectos, pero no siempre ha sido así.
La muchacha del libro mira a la muchacha de la pistola. Ella se encoge de hombros y responde:
-Ya que se me presentó la oportunidad de usar esto para manipular...
Seguimos caminando, meditando. Y es viernes y el sol me arde tanto en la cara y mis manos están manchadas.No sería viernes si no estuvieran manchadas.
-Maldito viernes. Como quisiera que alguien me pegara... y que no seás vos.
La muchacha de la pistola baja la mirada. Ha perdido la oportunidad. Pero es mediodía y sus manos están limpias y las cicatrices son como grabados en la piedra. Pero a ella no le arde el sol y sus ojos como profundísimos pozos negros absorben la luz sin ningún remedio.
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miércoles, julio 09, 2008
Cinema a las 4:00 o sábados autobiográficos.
-Qué mierda- Dice por lo bajo, para ella misma- Me dejaron otra vez.
Blusa de rayas, cuchilla minora atada con un lazo al cuello, pelo alborotado cayendo revoltosamente sobre su ojo derecho. Se recuesta sobre el muro de ladrillo, esperando a que una bicicleta negra asomara a toda la velocidad por la esquina. Bicicleta verde. Nadie conocido.
La bicicleta verde chapotea un charco. Ella lo mira con odio. El ciclista sonríe y ella suspira con rabia. Los hombres nunca entienden cuando los miro con odio, piensa mirando sus zapatos embarrados.
¿Qué hora es ya? El celular dice que son las 3:58. No hay mensajes nuevos. Voy a entrar sola, no me importa. Arrastra los pies por el cemento verde, mirando los rostros risueños de los otros adolescentes caminando por el parque. Patea una semilla de mango con frustración. No le pega bien y la semilla acaba en la alcantarilla. Suspira de nuevo.
El viento le revuelve suavamente el pelo cuando levanta la cabeza para mirar el edificio del cine. No muy imponente. No muy grande. De ladrillo con letreros extraños. Sube velozmente las escaleras y se asoma a la blanca taquilla.
Una mujer de impecable pelo negro y sonrisa permanente se voltea hacia ella. Ella retrocede un poco por reflejo, como siempre hace cuando interactúa con alguien nuevo. La mujer muestra más sus dientes brillantes y le pregunta qué desea.
-Buenas tardes... Yo... voy a entrar a la película de Orson Welles... Sed de mal.
-Lo siento, niña, pero la hora de esa película fue cambiada para la 1:00 PM.
Maldita sea.
Giró rápidamente y leyó el cartel con la programación. Función a las 4:30. Entraría, así fuera una película de acción con Matt Damon, de esas que solía criticar todo el tiempo. Tenía que entrar, no soportaría su cuarto esa tarde. Además, era gratis.
-Entonces... voy a entrar a la de las 4:30...
-¿Tu Vida en 65'?
-Sí, esa.
-Por favor pon tus datos aquí... y si quieres puedes ver la exposición mientras esperas.
-Ah... bueno. Muchas gracias.
Subió las escaleras hacia la exposición, más por ganas de poder vagar entre sus pensamientos que por interés en el arte de Fernando... ¿Cómo era que se llamaba? Tampoco importaba, la verdad.
Treinta minutos en un lugar helado con humanos poco interesantes se van algo largos. A ella se le fueron eternos, incluso después de encontrar unos interesantes bocetos de El Fantasma hechos por el tal Fernando como se llame. Cuando El Fantasma se casó con Diana... eso sí que fue un hecho esperado en un cómic, meditó observando la escena.
Bajó al fin las escaleras como a las 4:27, internándose en el pequeño grupo humano que deseaba entrar a la sala. Me pregunto si esta será la película donde la gente mira la lavadora, se dijo.
Atravesó las cortinas de la entrada y se dirigió a su silla favorita, en aquella fila de atrás. Las luces se apagaron, el proyector se encendió; y durante algo más de hora y media, olvidó porqué había ido a refugiarse allí. Una vez más, mientras el proyector funcionaba, olvidó quién era.
Blusa de rayas, cuchilla minora atada con un lazo al cuello, pelo alborotado cayendo revoltosamente sobre su ojo derecho. Se recuesta sobre el muro de ladrillo, esperando a que una bicicleta negra asomara a toda la velocidad por la esquina. Bicicleta verde. Nadie conocido.
La bicicleta verde chapotea un charco. Ella lo mira con odio. El ciclista sonríe y ella suspira con rabia. Los hombres nunca entienden cuando los miro con odio, piensa mirando sus zapatos embarrados.
¿Qué hora es ya? El celular dice que son las 3:58. No hay mensajes nuevos. Voy a entrar sola, no me importa. Arrastra los pies por el cemento verde, mirando los rostros risueños de los otros adolescentes caminando por el parque. Patea una semilla de mango con frustración. No le pega bien y la semilla acaba en la alcantarilla. Suspira de nuevo.
El viento le revuelve suavamente el pelo cuando levanta la cabeza para mirar el edificio del cine. No muy imponente. No muy grande. De ladrillo con letreros extraños. Sube velozmente las escaleras y se asoma a la blanca taquilla.
Una mujer de impecable pelo negro y sonrisa permanente se voltea hacia ella. Ella retrocede un poco por reflejo, como siempre hace cuando interactúa con alguien nuevo. La mujer muestra más sus dientes brillantes y le pregunta qué desea.
-Buenas tardes... Yo... voy a entrar a la película de Orson Welles... Sed de mal.
-Lo siento, niña, pero la hora de esa película fue cambiada para la 1:00 PM.
Maldita sea.
Giró rápidamente y leyó el cartel con la programación. Función a las 4:30. Entraría, así fuera una película de acción con Matt Damon, de esas que solía criticar todo el tiempo. Tenía que entrar, no soportaría su cuarto esa tarde. Además, era gratis.
-Entonces... voy a entrar a la de las 4:30...
-¿Tu Vida en 65'?
-Sí, esa.
-Por favor pon tus datos aquí... y si quieres puedes ver la exposición mientras esperas.
-Ah... bueno. Muchas gracias.
Subió las escaleras hacia la exposición, más por ganas de poder vagar entre sus pensamientos que por interés en el arte de Fernando... ¿Cómo era que se llamaba? Tampoco importaba, la verdad.
Treinta minutos en un lugar helado con humanos poco interesantes se van algo largos. A ella se le fueron eternos, incluso después de encontrar unos interesantes bocetos de El Fantasma hechos por el tal Fernando como se llame. Cuando El Fantasma se casó con Diana... eso sí que fue un hecho esperado en un cómic, meditó observando la escena.
Bajó al fin las escaleras como a las 4:27, internándose en el pequeño grupo humano que deseaba entrar a la sala. Me pregunto si esta será la película donde la gente mira la lavadora, se dijo.
Atravesó las cortinas de la entrada y se dirigió a su silla favorita, en aquella fila de atrás. Las luces se apagaron, el proyector se encendió; y durante algo más de hora y media, olvidó porqué había ido a refugiarse allí. Una vez más, mientras el proyector funcionaba, olvidó quién era.
martes, abril 22, 2008
Oldies...
Cositas rescatadas del cajón... y de cuando el teclado no tenía tildes.
I: Inmortales Otro día mas en una vida vacía, en un mundo sin sentido, en un lugar donde podría sentirme en silencio total entre los ruidos más estruendosos. Todos aparentan que algún día tuvieron, tienen o tendrán un final feliz. Es mentira, una mentira antigua y frágil, pero duradera. Y saben que lo es. Pero guardan un anhelo, un anhelo secreto, pero común a todos. Ser inmortales. Dicen que ese no es su deseo, pero engañarse es algo trivial. El final de toda historia verídica es la muerte. Pero ellos, ellos la odian, no quieren saber que no lo cumplieron todo en sus miserables vidas. Y luego se van, al final que tanto odiaban, para pesar de unos cuantos y la felicidad de otros muchos. Dejan el papel de aquella tragicomedia en la que todos estamos obligados a participar. Actores que se desvanecen bajo la sombra del telón.
II: Hipotermia Estás casi inconsciente, sobre la hierba. Estás solo, completamente solo. Hace un frío gélido, que te penetra el alma y escuchas como te arrulla desde lejos el añorado frío de la muerte.Nunca te habías sentido tan a gusto. Deseas acudir a su llamado, pero no puedes levantarte. Tal vez sean las luciérnagas que caminan sobre tu cuerpo, robándote el aliento. Tampoco puedes ahuyentarlas. No falta mucho para que seas mas fuerte que las mismas luciérnagas. Los recuerdos, tus fantasmas del sufrimiento, vuelan sin cesar, sin destino, sin distinguirte del pálidogris de la hierba. Te burlas de ellos, sintiéndote libre. Miras el manto estrellado de la noche y deseas volar hacia las estrellas, perderte entre ellas, encontrar a quienes se fueron hace ya tanto tiempo. El viento sopla del norte, mientras escuchas el llamado de tu destino. Hojas de eucalipto caen sobre tu rostro, pero tu no las sientes. Gotas de rocío adornan tu palidez. Ahora sabes que ha llegado el momento de despedirte. El frío te está abrazando. Cierras los ojos y le susurras a la noche: Adiós.

I: Inmortales Otro día mas en una vida vacía, en un mundo sin sentido, en un lugar donde podría sentirme en silencio total entre los ruidos más estruendosos. Todos aparentan que algún día tuvieron, tienen o tendrán un final feliz. Es mentira, una mentira antigua y frágil, pero duradera. Y saben que lo es. Pero guardan un anhelo, un anhelo secreto, pero común a todos. Ser inmortales. Dicen que ese no es su deseo, pero engañarse es algo trivial. El final de toda historia verídica es la muerte. Pero ellos, ellos la odian, no quieren saber que no lo cumplieron todo en sus miserables vidas. Y luego se van, al final que tanto odiaban, para pesar de unos cuantos y la felicidad de otros muchos. Dejan el papel de aquella tragicomedia en la que todos estamos obligados a participar. Actores que se desvanecen bajo la sombra del telón.
II: Hipotermia Estás casi inconsciente, sobre la hierba. Estás solo, completamente solo. Hace un frío gélido, que te penetra el alma y escuchas como te arrulla desde lejos el añorado frío de la muerte.Nunca te habías sentido tan a gusto. Deseas acudir a su llamado, pero no puedes levantarte. Tal vez sean las luciérnagas que caminan sobre tu cuerpo, robándote el aliento. Tampoco puedes ahuyentarlas. No falta mucho para que seas mas fuerte que las mismas luciérnagas. Los recuerdos, tus fantasmas del sufrimiento, vuelan sin cesar, sin destino, sin distinguirte del pálidogris de la hierba. Te burlas de ellos, sintiéndote libre. Miras el manto estrellado de la noche y deseas volar hacia las estrellas, perderte entre ellas, encontrar a quienes se fueron hace ya tanto tiempo. El viento sopla del norte, mientras escuchas el llamado de tu destino. Hojas de eucalipto caen sobre tu rostro, pero tu no las sientes. Gotas de rocío adornan tu palidez. Ahora sabes que ha llegado el momento de despedirte. El frío te está abrazando. Cierras los ojos y le susurras a la noche: Adiós.

Mire pa' que se divierta
estupideces,
la suciedad humana,
reflexiones,
suicidas,
viñetas,
yo yo yo
sábado, abril 19, 2008
lunes, abril 14, 2008
Contraatacar y lamentar
Con mis nudillos sangrantes y mi respiración entrecortada, al fin, derroté al Enemigo.
Lo volví pedacitos minúsculos, lo volví nada.
Es difícil, muy duro, descubrir la identidad del Enemigo. Saber que sus pasos te rondan siempre, que solo necesita de un descuido minúsculo para volver al ataque. Que es superior a ti y que puede resucitar cuantas veces le sea necesario. Que no puede romper tus huesos, pero que puede comerse tu alma y convertirte en un ente sin sentimientos.
Cuántas veces puede revivir, no lo sé. Pero yo lo golpearé, lo trituraré hasta que la victoria final sea mía.
Iba alejándome de sus restos cuando oí una vocecilla maligna. Miré a mi alrededor y vi que uno de sus trozos había saltado hasta mis pies. Recogí el trozo de vidrio hasta que noté que su boca, un vulgar remedo de la mía, había aparecido allí.
-Amigo, no tienes por qué hacer esto.-Dijo en tono de burla- Siempre he estado a tu lado y siempre voy a estarlo. Otra cosa, con esta ya sumas 3178 años de mala suerte.
Se rió, se rió tanto que hasta yo solté una risita nerviosa. Grité, el gritó, y lo lancé a la acera para triturarlo con mi zapato.
Mala suerte... mala suerte, como si sus palabras no fueran una maldición peor que sus sucesivas derrotas.
Lo volví pedacitos minúsculos, lo volví nada.
Es difícil, muy duro, descubrir la identidad del Enemigo. Saber que sus pasos te rondan siempre, que solo necesita de un descuido minúsculo para volver al ataque. Que es superior a ti y que puede resucitar cuantas veces le sea necesario. Que no puede romper tus huesos, pero que puede comerse tu alma y convertirte en un ente sin sentimientos.
Cuántas veces puede revivir, no lo sé. Pero yo lo golpearé, lo trituraré hasta que la victoria final sea mía.
Iba alejándome de sus restos cuando oí una vocecilla maligna. Miré a mi alrededor y vi que uno de sus trozos había saltado hasta mis pies. Recogí el trozo de vidrio hasta que noté que su boca, un vulgar remedo de la mía, había aparecido allí.
-Amigo, no tienes por qué hacer esto.-Dijo en tono de burla- Siempre he estado a tu lado y siempre voy a estarlo. Otra cosa, con esta ya sumas 3178 años de mala suerte.
Se rió, se rió tanto que hasta yo solté una risita nerviosa. Grité, el gritó, y lo lancé a la acera para triturarlo con mi zapato.
Mala suerte... mala suerte, como si sus palabras no fueran una maldición peor que sus sucesivas derrotas.
Mire pa' que se divierta
madness,
oscuridad,
possibly on drugs,
sueños,
suicidas
viernes, marzo 21, 2008
Pilón de amargura
" Lo siento. Siento hacerles pasar un mal rato y siento llenar de terror tan concurrido lugar. Pero he estado esperando este momento durante toda mi vida, buscando un fin perfecto para mi existencia de aflicción. Es ahora o nunca.
Ustedes no tienen argumentos que puedan disuadirme, ni amenazas que puedan asustarme; ya estaba escrito mi trágico final.
Aunque los odie por ser hipócritas y estúpidos, ¡Buena suerte! Ojalá se casen, tengan familia, un trabajo de mierda y dinero de sobra para gastar en viajes a lugares como este. ¡Qué sus almas se pudran en el infierno, si son creyentes! O sus cuerpos en el cementerio, si no lo son.
Hicieron de mi vida un juego de muñecas. ¡Soldaditos de plomo y bailarinas de papel! Así es como ha sido todo... pero no importa, cuando mi cráneo se reviente contra las rocas el juego habrá terminado.
El sueño habrá terminado. Se me consumieron las ilusiones por miedo a quemarme.
¡No es su culpa! Está bien, sí lo es. Pero a ustedes qué les importa, cínicos, mañana olvidarán este "accidente".
¡Adiós al miedo, adiós a él, adiós al mundo!
¡Muéranse! "
El vento le meció los cabellos por última vez, mientras que su resistencia a la gravedad cedía y caía como una mariposa herida sobre las rocas de la playa.
Yo miraba, atónita, pero comprendiendo su discurso. El golpe seco de la muerte no tardó en atraer a una multitud de turistas entrometidos.
Y la sangre manchó la playa, brillando bajo el sol de mediodía; lo cual me recordó un asunto de gran importancia: La hora del almuerzo.
Ustedes no tienen argumentos que puedan disuadirme, ni amenazas que puedan asustarme; ya estaba escrito mi trágico final.
Aunque los odie por ser hipócritas y estúpidos, ¡Buena suerte! Ojalá se casen, tengan familia, un trabajo de mierda y dinero de sobra para gastar en viajes a lugares como este. ¡Qué sus almas se pudran en el infierno, si son creyentes! O sus cuerpos en el cementerio, si no lo son.
Hicieron de mi vida un juego de muñecas. ¡Soldaditos de plomo y bailarinas de papel! Así es como ha sido todo... pero no importa, cuando mi cráneo se reviente contra las rocas el juego habrá terminado.
El sueño habrá terminado. Se me consumieron las ilusiones por miedo a quemarme.
¡No es su culpa! Está bien, sí lo es. Pero a ustedes qué les importa, cínicos, mañana olvidarán este "accidente".
¡Adiós al miedo, adiós a él, adiós al mundo!
¡Muéranse! "
El vento le meció los cabellos por última vez, mientras que su resistencia a la gravedad cedía y caía como una mariposa herida sobre las rocas de la playa.
Yo miraba, atónita, pero comprendiendo su discurso. El golpe seco de la muerte no tardó en atraer a una multitud de turistas entrometidos.
Y la sangre manchó la playa, brillando bajo el sol de mediodía; lo cual me recordó un asunto de gran importancia: La hora del almuerzo.
Mire pa' que se divierta
cinismo,
gente peligrosa,
la suciedad humana,
suicidas
martes, febrero 26, 2008
Luces...
(Más gente psicótica.)
No podía quedarme en un solo punto. Empecé a discutir con mi relejo, que me lanzaba todo tipo de improperios desde la vidriera del balcón. La discusión había comenzado cuando él (mi reflejo) y yo tratábamos de aclarar como haríamos para continuar existiendo sin acabar en un manicomio, porque aún no he podido convencer a nadie de la inteligencia propia de lo que suele llamarse "reflejo humano".
Me cansé del molesto discursito de mi reflejo y lo callé de una vez abriendo la vidriera.
Salí al pequeño balcón y me sentí abrumado por ese infierno de luces y torres altísimas, de movimientos irreales que hicieron que me sintiera mareado. Me aferré a la fría baranda y me concentré en el vacío. Allí sólo había sombras, nada de luces, nada de música estridente. Tal vacío me resultaba muy parecido a la mirada de cierta persona cercana... A propósito, Ángela... ¿Iría a visitarme? Muy posiblemente. ¿Me llevaría hacia las luces o hacia el manicomio? No lo sabía, pero en todo caso no sería capaz de dejarme en paz.
Pensando en qué hacer me percaté del increíble atractivo que tenía ese espacio vacío. Le temo un poco a las alturas, pero el brillo de las luces se estaba volviendo insoportable. A pesar de todo, me pregunté:
-¿Bastarán trece pisos para matarme de una vez?
-Idiota, ¿Cómo no va a alcanzarte?- Me preguntó mi reflejo, que me estaba dando la espalda.
Entonces le dijo:-Obviamente, el trece es un número de mala suerte que causa que las cosas salgan al revés, por lo tanto, si me tiro, lo más probable es que quede vivo pero cuadrapléjico.
El cínico de mi reflejo respondió:-Lo que a mi me deprime es ser a imagen y semejanza de este miserable imbécil supersticioso.-Siguió dándome la espalda, por supuesto.
Pensé en subir hasta la azotea, pero debía subir sin ser visto por los vecinos, además no disponía de mucho tiempo antes de la llegada de Ángela. Me resigné a caer del piso # 13 y me dispuse a entregarme a la fría oscuridad que se extendía justo bajo el balcón.
Mientras estaba a punto de hacer esto, oí unos pasos lejanos. De repente las luces se apagaron.Di media vuelta. La oscuridad había invadido también el apartamento, y mi reflejo se perdió de vista. Me paralicé, no supe como reaccionar; así que decidí esperar a que aquel inesperado visitante revelara sus intenciones.
Una única luz se encendió. Mi reflejo regresó a la vidriera, mirándome aterrorizado. En ese momento recordé que tenía que preocuparme de el intruso. Miré hacia el interior del apartamento... y supe quién era, qué iba a hacer, y lo más importante, que ya no me quedaba nada por hacer.
Levantó hacia mí el objeto que traía en su mano. No cerré los ojos, quería ver lo que sucedería. Un único estruendo, no esperaba más. Mi reflejo recibió el golpe por la espalda, destruyéndose, reduciéndose a múltiples trozos de cristal que volaron hacia mí. Esa fue su muerte definitiva, su desaparición completa de la realidad.
Y ahora llegaba mi turno, más digno, pues sería de frente, con la mirada fija en el ejecutor. El dolor no dominó el momento, me sumergió en un sopor indefinible, que nunca podré explicar. Los sonidos se debilitaron lentamente, las luces se desvanecieron. Finalmente, la oscuridad se apoderó de mi cuerpo, de mi alma, y mis pies dejaron de tocar suelo. Mi cuerpo flotó, flotó hacia el vacío.
La consciencia que me quedaba se apagó como una vela solitaria, como la última luz entre una fría tempestad.
No podía quedarme en un solo punto. Empecé a discutir con mi relejo, que me lanzaba todo tipo de improperios desde la vidriera del balcón. La discusión había comenzado cuando él (mi reflejo) y yo tratábamos de aclarar como haríamos para continuar existiendo sin acabar en un manicomio, porque aún no he podido convencer a nadie de la inteligencia propia de lo que suele llamarse "reflejo humano".
Me cansé del molesto discursito de mi reflejo y lo callé de una vez abriendo la vidriera.
Salí al pequeño balcón y me sentí abrumado por ese infierno de luces y torres altísimas, de movimientos irreales que hicieron que me sintiera mareado. Me aferré a la fría baranda y me concentré en el vacío. Allí sólo había sombras, nada de luces, nada de música estridente. Tal vacío me resultaba muy parecido a la mirada de cierta persona cercana... A propósito, Ángela... ¿Iría a visitarme? Muy posiblemente. ¿Me llevaría hacia las luces o hacia el manicomio? No lo sabía, pero en todo caso no sería capaz de dejarme en paz.
Pensando en qué hacer me percaté del increíble atractivo que tenía ese espacio vacío. Le temo un poco a las alturas, pero el brillo de las luces se estaba volviendo insoportable. A pesar de todo, me pregunté:
-¿Bastarán trece pisos para matarme de una vez?
-Idiota, ¿Cómo no va a alcanzarte?- Me preguntó mi reflejo, que me estaba dando la espalda.
Entonces le dijo:-Obviamente, el trece es un número de mala suerte que causa que las cosas salgan al revés, por lo tanto, si me tiro, lo más probable es que quede vivo pero cuadrapléjico.
El cínico de mi reflejo respondió:-Lo que a mi me deprime es ser a imagen y semejanza de este miserable imbécil supersticioso.-Siguió dándome la espalda, por supuesto.
Pensé en subir hasta la azotea, pero debía subir sin ser visto por los vecinos, además no disponía de mucho tiempo antes de la llegada de Ángela. Me resigné a caer del piso # 13 y me dispuse a entregarme a la fría oscuridad que se extendía justo bajo el balcón.
Mientras estaba a punto de hacer esto, oí unos pasos lejanos. De repente las luces se apagaron.Di media vuelta. La oscuridad había invadido también el apartamento, y mi reflejo se perdió de vista. Me paralicé, no supe como reaccionar; así que decidí esperar a que aquel inesperado visitante revelara sus intenciones.
Una única luz se encendió. Mi reflejo regresó a la vidriera, mirándome aterrorizado. En ese momento recordé que tenía que preocuparme de el intruso. Miré hacia el interior del apartamento... y supe quién era, qué iba a hacer, y lo más importante, que ya no me quedaba nada por hacer.
Levantó hacia mí el objeto que traía en su mano. No cerré los ojos, quería ver lo que sucedería. Un único estruendo, no esperaba más. Mi reflejo recibió el golpe por la espalda, destruyéndose, reduciéndose a múltiples trozos de cristal que volaron hacia mí. Esa fue su muerte definitiva, su desaparición completa de la realidad.
Y ahora llegaba mi turno, más digno, pues sería de frente, con la mirada fija en el ejecutor. El dolor no dominó el momento, me sumergió en un sopor indefinible, que nunca podré explicar. Los sonidos se debilitaron lentamente, las luces se desvanecieron. Finalmente, la oscuridad se apoderó de mi cuerpo, de mi alma, y mis pies dejaron de tocar suelo. Mi cuerpo flotó, flotó hacia el vacío.
La consciencia que me quedaba se apagó como una vela solitaria, como la última luz entre una fría tempestad.
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