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viernes, noviembre 21, 2014
Oración al santo patrón de las cosas perdidas
Que las astillas de los huesos de mi tierra,
cuando se claven en mi carne,
me ablanden.
Que los fiambres que flotan en el río,
cuando pasen por mi pueblo,
me arrastren.
Que las caras que imprimen en el diario,
cuando se oxiden por el tiempo,
me acallen.
Que mi nombre en mi tumba tenga
sólo dos letras.
Que en el hueco que me caven
quepan otros veinte.
Que me permita el cielo
no morir nunca
pero no vivir más.
Que me permita el cielo
encontrarlos.
Mire pa' que se divierta
de la historia,
diosito,
pseudolírica
jueves, junio 23, 2011
Memoria
El ventilador zumba horriblemente, como una cigarra blanca y enorme, zumba igual que las tardes calurosas en San Jerónimo, cuando todos, sudando, nos sentamos en los sofás rosados y floridos, esperando que la cabeza del ventilador gire hacia nosotros, nos mire y nos dirija una ráfaga a las caras sudorosas.
Como el ventilador de techo en el que una vez se nos enredó un avión de papel con un dibujo de Drácula, el que a veces volaba a lo alto, lejos, aterrizando en praderas y enviando imaginarios mensajes de mayday al estrellarse con los troncos de las ceibas.
Y los perros nos cercaban donde empezaba la falda del monte y se adherían piedras grises con musgo verde, y nosotros les huíamos, escalábamos las piedras como una hazaña y la casa era la cima en la cumbre del Everest.
Llovía, a veces llovía, a veces no hacía calor. Apagábamos los ventiladores y nos sentábamos en la parte cubierta del patio a mirar los goterones caer y formar charcos, a mirar las flores de buganvillas caer y juntarse en el piso.
A veces yo me ponía una flor en el pelo.
Uno tiene la particularidad, la terrible particularidad, de vivir las cosas sin saber que va a extrañarlas.
De lanzar el último avión con dibujo de Drácula y pensar que va a lanzar más.
Que los va a seguir lanzando siempre.
Mire pa' que se divierta
de la historia,
gusanos pollo,
me quejo,
reflexiones,
yo yo yo
jueves, octubre 21, 2010
.Eso de recordar tiene severas contraindicaciones
-Quise venir porque despertó en mí la urgencia de recordar.
-¿De recordar qué?
-Son recuerdos que no son míos.
Me hallo caminando por esas calles de páramo, y en los postes de luz veo faroles de gas. En el asfalto veo caminos empedrados.
No tendría por qué recordar nada de esto.
No debería, y aún así vine aquí sólo para recordarlo.
1939
1939
1939
Bajo terrenos pedregosos veo minas, minas.
Veo a los muertos bailar tangos y a los vivos morir, no, no morir...
No haber existido nunca.
Veo la Guerra iniciar y nunca terminar.
Veo las nubes negras simular columnas de humo.
1938 termina.
Comienza 1939.
Pero nunca llegamos a mayo.
¿Cuánto ha tomado llegar aquí?
¿Cuatro horas?
¿Siete décadas?
Yo... tenía una vaga impresión de todo esto. Allá abajo, antes de subir... a la niebla...
El caballo...
La casa de la esquina de la plaza.
Creo que no voy a llegar allí. Allí ya es mayo.
No me llevés a vivir allá. No me llevés allá.
No quiero recordar.
-Quise venir porque me habían hablado de las excelentes probabilidades de encontrar oro bajo estas tierras.
-Aquí ya no hay oro. Lo acabaron cuando vinieron los holandeses, cuando la fiebre del oro, en la década de los...
Las minas de oro refulgen bajo mis pies, emergen como monstruos entre las calles empedradas. Las damas corren, los caballeros... los sombreros con la cinta en el medio... caen.
1939, abril 30.
-¿Y la casa... la casa de la esquina?
-Demolida.
Entre los escombros no hay rastro de oro.
-Quise venir porque quería morir con ellos.
-¿Con quienes?
-Con ellos. Con los que bailan tangos.
Toso y el aire helado y húmedo me asfixia, me oprime el pecho, los pulmones podridos.
1939, mayo 1.
-Estos son mis recuerdos. Míos.
Toso. Toso sangre. Toso oro. Toso pepitas de oro y trozos de niebla. Y las vitriolas se convierten de nuevo en equipos de sonido, con los tangos que cada vez suenan más débiles, mientras me pregunto inútilmente como haré para bajar esta montaña de nuevo.
Después de todo, ya es mayo.
Better if listening to: Las Acacias - Versión de Garzón y Collazos.
-¿De recordar qué?
-Son recuerdos que no son míos.
Me hallo caminando por esas calles de páramo, y en los postes de luz veo faroles de gas. En el asfalto veo caminos empedrados.
No tendría por qué recordar nada de esto.
No debería, y aún así vine aquí sólo para recordarlo.
1939
1939
1939
Bajo terrenos pedregosos veo minas, minas.
Veo a los muertos bailar tangos y a los vivos morir, no, no morir...
No haber existido nunca.
Veo la Guerra iniciar y nunca terminar.
Veo las nubes negras simular columnas de humo.
1938 termina.
Comienza 1939.
Pero nunca llegamos a mayo.
¿Cuánto ha tomado llegar aquí?
¿Cuatro horas?
¿Siete décadas?
Yo... tenía una vaga impresión de todo esto. Allá abajo, antes de subir... a la niebla...
El caballo...
La casa de la esquina de la plaza.
Creo que no voy a llegar allí. Allí ya es mayo.
No me llevés a vivir allá. No me llevés allá.
No quiero recordar.
-Quise venir porque me habían hablado de las excelentes probabilidades de encontrar oro bajo estas tierras.
-Aquí ya no hay oro. Lo acabaron cuando vinieron los holandeses, cuando la fiebre del oro, en la década de los...
Las minas de oro refulgen bajo mis pies, emergen como monstruos entre las calles empedradas. Las damas corren, los caballeros... los sombreros con la cinta en el medio... caen.
1939, abril 30.
-¿Y la casa... la casa de la esquina?
-Demolida.
Entre los escombros no hay rastro de oro.
-Quise venir porque quería morir con ellos.
-¿Con quienes?
-Con ellos. Con los que bailan tangos.
Toso y el aire helado y húmedo me asfixia, me oprime el pecho, los pulmones podridos.
1939, mayo 1.
-Estos son mis recuerdos. Míos.
Toso. Toso sangre. Toso oro. Toso pepitas de oro y trozos de niebla. Y las vitriolas se convierten de nuevo en equipos de sonido, con los tangos que cada vez suenan más débiles, mientras me pregunto inútilmente como haré para bajar esta montaña de nuevo.
Después de todo, ya es mayo.
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lunes, diciembre 28, 2009
En la horca lo que te mata es la ruptura del cuello, no la asfixia
No sé si usted ha tenido la sensación de conocer a su némesis. Esa persona que sólo le da dos opciones: O que usted acabe con ella o que ella acabe con usted. Esa persona que usted mira a los ojos y ve en ellos todo lo que usted ha vivido para temer y odiar. Sin embargo, usted está consciente de que en realidad esos ojos también son los suyos. En el fondo usted admite que no está viendo un enemigo, está viendo lo que por razones oscuras y decisiones propias usted no llegó a ser. Se está viendo a usted mismo plasmado en un mundo que escapa a su mente.
Esa persona, sí, intrigante, repulsiva, atrayente, maldita. Va a traer desdichas a su vida. Vive para destruir lo que usted desea construir. Por sus sueños, por sus ideales, ¿Por qué no destruirla? O al menos ir a un sitio lejos, muy lejos de ella. Ah, pero la fascinación permanece, ¿No es así?
Aunque la odia, aunque la aborrece, hay un vínculo que no puede cortar. Las esencias son iguales. Tal vez usted decida ser prudente y cuerdo, una persona normal, y caminar en la dirección contraria. O tal vez elija ese demoníaco atractivo que no puede evitar. Él, ella, tiene muchas más cosas en común con usted de las que podría imaginarse. No sería extraño que se convirtiera en su mejor amigo, o en su amante.
¿Cree que después de todo lo que he dicho podrá salir bien parado de esa relación? Porque usted va a arrastrarse por lugares dentro de su alma que desconoce completamente. Lugares sórdidos, lugares iluminados, lugares a los que solo puede hacerlo llegar alguien que nunca podría ser como usted. Nunca podrán a volver a ser los mismos, ni usted ni su némesis. Desde el momento en que ninguno de los dos huyó del otro, la destrucción mutua quedó asegurada. Ha sido desde el principio una partida de ajedrez, una bastante cruel.
El odio llegará porque siempre ha estado ahí.
Es una criatura repulsiva, no se parece a usted. Nunca podrá. Es un peligro. Lo amará, lo odiará y sólo Satán sabe hasta dónde llegará esto.
Están hechos para herirse.
Lo odia, no lo odia. ¿Lo odia? Sí, lo odia.
Retroceder es imposible.
Todos los caminos llevan al infierno.
Bang! Lo odia. Bang! Mátelo.
Siéntese solo con la pistola ardiendo, con los restos de pólvora en la manga de la camisa. Usted es apenas esa otra posibilidad de todos los demás, lo que ellos podrían ser bajo otras circunstancias. El juez va a sentenciarlo, tras mirar dentro de sus ojos (Ojos asesinos, ¿Son distintos a los otros?). Probablemente vea la verdad. Quién sabe, tal vez se encuentre a sí mismo siendo el criminal. No lo dirá y no lo exonerará, el juez no es tonto.
Mírese usted a los ojos. ¿Desde cuándo es un asesino, un despojo humano? ¿Siempre lo fue? Culpa de su padre, dice su madre. Culpa del ácido, dice su padre. Culpa del trastorno paranoide, dice el loquero.
Mire los ojos fijos e inertes de su némesis. Es tan parecido al suicidio lo que usted ha hecho…
Mire a la muerte lamiendo los cadáveres en el patíbulo. Mírela riéndose de usted. Mire una y otra vez los pecados de su némesis.
Míreme y dígame quién está loco. ¿El mundo o yo? Míreme cuando me pasen la cuerda al cuello y dígame que hay algo en usted que lo detiene de ser yo; o de ser ella, mi víctima.
Trate de jurarlo, trate de no bajar la vista. Trate, trate y trate, pero no puede evitar SER como yo.
Esa persona, sí, intrigante, repulsiva, atrayente, maldita. Va a traer desdichas a su vida. Vive para destruir lo que usted desea construir. Por sus sueños, por sus ideales, ¿Por qué no destruirla? O al menos ir a un sitio lejos, muy lejos de ella. Ah, pero la fascinación permanece, ¿No es así?
Aunque la odia, aunque la aborrece, hay un vínculo que no puede cortar. Las esencias son iguales. Tal vez usted decida ser prudente y cuerdo, una persona normal, y caminar en la dirección contraria. O tal vez elija ese demoníaco atractivo que no puede evitar. Él, ella, tiene muchas más cosas en común con usted de las que podría imaginarse. No sería extraño que se convirtiera en su mejor amigo, o en su amante.
¿Cree que después de todo lo que he dicho podrá salir bien parado de esa relación? Porque usted va a arrastrarse por lugares dentro de su alma que desconoce completamente. Lugares sórdidos, lugares iluminados, lugares a los que solo puede hacerlo llegar alguien que nunca podría ser como usted. Nunca podrán a volver a ser los mismos, ni usted ni su némesis. Desde el momento en que ninguno de los dos huyó del otro, la destrucción mutua quedó asegurada. Ha sido desde el principio una partida de ajedrez, una bastante cruel.
El odio llegará porque siempre ha estado ahí.
Es una criatura repulsiva, no se parece a usted. Nunca podrá. Es un peligro. Lo amará, lo odiará y sólo Satán sabe hasta dónde llegará esto.
Están hechos para herirse.
Lo odia, no lo odia. ¿Lo odia? Sí, lo odia.
Retroceder es imposible.
Todos los caminos llevan al infierno.
Bang! Lo odia. Bang! Mátelo.
Siéntese solo con la pistola ardiendo, con los restos de pólvora en la manga de la camisa. Usted es apenas esa otra posibilidad de todos los demás, lo que ellos podrían ser bajo otras circunstancias. El juez va a sentenciarlo, tras mirar dentro de sus ojos (Ojos asesinos, ¿Son distintos a los otros?). Probablemente vea la verdad. Quién sabe, tal vez se encuentre a sí mismo siendo el criminal. No lo dirá y no lo exonerará, el juez no es tonto.
Mírese usted a los ojos. ¿Desde cuándo es un asesino, un despojo humano? ¿Siempre lo fue? Culpa de su padre, dice su madre. Culpa del ácido, dice su padre. Culpa del trastorno paranoide, dice el loquero.
Mire los ojos fijos e inertes de su némesis. Es tan parecido al suicidio lo que usted ha hecho…
Mire a la muerte lamiendo los cadáveres en el patíbulo. Mírela riéndose de usted. Mire una y otra vez los pecados de su némesis.
Míreme y dígame quién está loco. ¿El mundo o yo? Míreme cuando me pasen la cuerda al cuello y dígame que hay algo en usted que lo detiene de ser yo; o de ser ella, mi víctima.
Trate de jurarlo, trate de no bajar la vista. Trate, trate y trate, pero no puede evitar SER como yo.
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jueves, octubre 01, 2009
(Not)Thinking Out Loud/ Non Sense
Simplemente bajamos...
bajamos y yo recuerdo... Recuerdo muchas cosas, olvidé otras. Me he olvidado de mí. De la foto del alien. Oh, los voy a recorrer a todos, a todos, a todos, les voy a hacer en una cirugía un recorderis de este tiempo nimio.
Yo no vivo nada. Yo nazco y muero aquí y ahora. Hoy mismo. Yo no soy yo. Yo soy vos.
Quién sos vos? Vos sos yo. Estás dentro de mí, sos mi sueño. Si me despierto te mato, te aborto. Drogame. Salvá tu vida.
Todos ustedes son un montón de sueños. Abortos mentales concebidos en medio del Rapid Eye Movement.
Todos ustedes van a morir.
Yo los recuerdo a todos.
La foto del alien. Distorsión.
Rosas negras. Eran pura mentira, próximo símbolo gótico y les vuelo los sesos.
Mármol blanco. Miren, una cocina.
La bicicleta. Era sólo una ilusión.
Sueños abortados! Imposibles!
Todos ustedes no son requeridos ahora dentro de los realmos de mi cabeza.
Distorsión! Despertar! Desaparecer! Desenredar,
Subir,
subimos,
y malditos,,
todos ustedes,
estaban muertos.
bajamos y yo recuerdo... Recuerdo muchas cosas, olvidé otras. Me he olvidado de mí. De la foto del alien. Oh, los voy a recorrer a todos, a todos, a todos, les voy a hacer en una cirugía un recorderis de este tiempo nimio.
Yo no vivo nada. Yo nazco y muero aquí y ahora. Hoy mismo. Yo no soy yo. Yo soy vos.
Quién sos vos? Vos sos yo. Estás dentro de mí, sos mi sueño. Si me despierto te mato, te aborto. Drogame. Salvá tu vida.
Todos ustedes son un montón de sueños. Abortos mentales concebidos en medio del Rapid Eye Movement.
Todos ustedes van a morir.
Yo los recuerdo a todos.
La foto del alien. Distorsión.
Rosas negras. Eran pura mentira, próximo símbolo gótico y les vuelo los sesos.
Mármol blanco. Miren, una cocina.
La bicicleta. Era sólo una ilusión.
Sueños abortados! Imposibles!
Todos ustedes no son requeridos ahora dentro de los realmos de mi cabeza.
Distorsión! Despertar! Desaparecer! Desenredar,
Subir,
subimos,
y malditos,,
todos ustedes,
estaban muertos.
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yo yo yo
domingo, octubre 26, 2008
Yo también marco los días en el calendario... este no
Hoy, 26 de octubre, este... este "reducto de pensamientos que evolucionan y se retuercen como víboras con el transcurrir del tiempo" cumple un muy mal merecido añito, en el cual nos hemos quedado sin moralejas y con 365 días menos para hacer de nuestras vidas y mentes algo más aceptable.
Les agradezco a los fácilmente numerables lectores por haber soportado una cantidad de power, heavy, gothic y una que otra vez black metal que podría hacer vomitar a muchos. No sólo han soportado esto, sino mis escriticos insanos, mis reflexiones ilógicas y mis videítos que pocos quisieron verse.
Ni crean que esto es una despedida o algo por el estilo, les espera por lo menos otra vuelta solar de tortura continua.
El año, en realidad, no es más que una realidad de humo. Sólo significa que cuando este blog comenzó su existencia publicando cosas inútiles sobre las acromántulas, la tierra estaba en la misma posición respecto al sol.
Lo cual a pocos les importa, aunque aquellos lectores que no viven en la región ecuatorial del planeta probablemente se sientan alegres/tristes/aperezados/indiferentes con la primavera/otoño.
Pero como el 26 de octubre es un día totalmente no-especial, a nadie le interesa, a mí tampoco, y voy por leche y galletas.
Recomiendo también que disfruten el próximo halloween, simplemente por... Está bien, disfrútenlo por la razón por la cual a ustedes les guste, porque mi razón es demasiado larga como para explicarla aquí. Y no se les ocurra disfrazar sus iPods de tamal como recomendamos la ex-coautora y yo el año pasado.
Les agradezco a los fácilmente numerables lectores por haber soportado una cantidad de power, heavy, gothic y una que otra vez black metal que podría hacer vomitar a muchos. No sólo han soportado esto, sino mis escriticos insanos, mis reflexiones ilógicas y mis videítos que pocos quisieron verse.
Ni crean que esto es una despedida o algo por el estilo, les espera por lo menos otra vuelta solar de tortura continua.
El año, en realidad, no es más que una realidad de humo. Sólo significa que cuando este blog comenzó su existencia publicando cosas inútiles sobre las acromántulas, la tierra estaba en la misma posición respecto al sol.
Lo cual a pocos les importa, aunque aquellos lectores que no viven en la región ecuatorial del planeta probablemente se sientan alegres/tristes/aperezados/indiferentes con la primavera/otoño.
Pero como el 26 de octubre es un día totalmente no-especial, a nadie le interesa, a mí tampoco, y voy por leche y galletas.
Recomiendo también que disfruten el próximo halloween, simplemente por... Está bien, disfrútenlo por la razón por la cual a ustedes les guste, porque mi razón es demasiado larga como para explicarla aquí. Y no se les ocurra disfrazar sus iPods de tamal como recomendamos la ex-coautora y yo el año pasado.
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sábado, septiembre 27, 2008
No necesita deshojar cada noche una margarita...
-A ver, estas sí no se las sabe. ¿Cómo se llaman?
-Clavellinas.
-¿Y estas otras?
-Bifloras.
-¿Por qué bifloras?
-Me parece que es porque parecen ser dos flores... ¿No es un poco obvio?
-Usted sabe mucho de esto.
-Eso no es verdad. Hay de estas en casi todos los jardines.- Respondí con sinceridad. Me gustan las flores, los nombres de las flores, sus aromas, pero no sé mucho. No mucho más de lo que saben mi nariz y mis ojos de ellas.
***
-¿Cómo se llaman esas flores?
Señalé, con mi pequeña y curiosa mano de esos tiempos, las flores. Grandes, solitarias, amarillas y rojas.
-Achiras.
-¿Como las de paquete?
-Sí, niña, de ahí las sacan.
No me cabía en la cabeza que se pudiera hacer comida chatarra con flores. Otra cosa contradictoria del mundo. Pero para el momento en que podría estar pensando en que las famosas achiras del Huila se hacen solamente con las raíces mi mano ya señalaba con inquietud otra flor.
-¿Y esas?
***
Tal vez yo no parezca ser el tipo de chica a la que le gustan las flores. Porque no me gustó jamás la idea de regalar cartitas con grandes margaritas mal dibujadas, ni los estampados floridos en la ropa, ni suspirar como tonta con la fotografía de un par de gatitos revolcándose en un prado primaveral. Me gustan los gatos, me gustan las flores, me gusta redactar largas cartas, mas la melosería me parece enfermiza. Yo... simplemente... gusto de atarme el cabello con una cinta adornada con una rosa negra. Eso es todo.
Es que las flores, las flores reales, son tan bonitas... y tan poco apreciadas, de verdad...
***
Bajábamos a lo que yo llamaba "el jardincito", que no era más que un oscuro y verde pasadizo cubierto de flores a los dos lados y guardado por tres grandes faroles. Sigue siendo un lugar precioso, pero ahora está cubierto de cartuchos, cartuchos blancos, de esos que recuerdan vagamente a primer comunión.
En aquellos días, aquellos hermosos días, había orquídeas, había conchitas... y había violetas.
-Esas son las violetas.
-¿Dónde? Yo no veo sino hojas.
-Por eso...-Dijo sonriendo, sonriendo con una de esas sonrisas imperceptibles que en sí mismas encierran un monólogo- Por eso son las flores de la humildad. Ellas no presumen de nada, tapan su belleza con las hojas. Bonitas flores, las violetas.
Corrió las hojas con cuidado, para que yo pudiera verlas...
Una lástima, que ya no haya más violetas allí. Los cartuchos no me traen ningún recuerdo especial. En mi primera comunión tuve que usar uniforme, me quemé con el cirio y me persiguió una avispa. El cura que me confesó tenía la fastidiosa costumbre de pegarle golpes en la cabeza a todos los confesados.
Con eso engordé en ese entonces la creciente lista de agnósticos de ocho años de edad.
Volviendo a las violetas, quizás el jardinero las quitó porque no podía con la nostalgia.
Quizás.
***
Las flores me recuerdan a tanta gente... a tantos sitios. Las hortensias a Rionegro, los geranios a Jardín, las flores de coral a Santa Marta. A Medellín, los lirios de día. Esas flores casi siempre amarillas, otras veces intercalando sus pétalos entre naranja y carmesí, muy raras veces de otros colores, siempre floreciendo en esta extraña ciudad. El indiferente ciudadano común no les presta atención, a pesar de que su fragancia es deliciosa y son de esas flores que hasta en la penumbra se ven bonitas.
Como las rosas.
Pero las rosas son perfectas, no cabe comparación alguna.
***
En nuestro patio no había flores. Había cuernos, una tomatera, un brevo, una planta cuyas hojas parecían huellas de algo, dos chefleras y una infinidad de cactos. Me preguntó de dónde esa obsesión con los cactos, como si estuviéramos en un desierto y no en una ciudad donde llueve doscientos días al año. La verdad es que nunca le pregunté.
Igual siempre los cuidó con el mismo amor con que cuidaría unas violetas.
No digo que los cactos no florezcan, a mí también me gustaban, a pesar de los inconvenientes con las espinas. La flor del cacto erizo es particularmente especial.
***
Cuando necesito calmarme (Necesidad mía más recurrente de lo que debería), salgo a dar un largo paseo... voy al "jardincito", paso por parques soleados, miro el cielo entre las ramas de las hojas, el color de los muros de ladrillo cuando les da el sol, alguna flor en particular.
Me hace sentir menos sola.
Y las rosas... condenadas florecillas perfectas...
***
La corona de espinas se caracteriza precisamente por eso, tener muchas espinas afiladas. Es un arbusto pequeño, a veces la gente lo utiliza para hacer setos. Sus flores son muy pequeñas, y del color de la sangre.
Un día me acosté encima de unos de esos arbustos.
No sé cómo no me lastimé.
Puede que sea una planta frágil encubierta, que sus espinas sean más frágiles de lo que aparentan...
***
Y las rosas, malditas rosas, maldito suplicio mío. Me encantan, me encanta cortarlas, así me vuelva nada arrancándolas con las manos.
En mi último cumpleaños me dieron girasoles. Deberían haberme dado rosas. Los girasoles no me gustan.
Malditas rosas, como acrecientan mi soledad... soledad, soledad, como si ese fuera su segundo nombre...
Tal vez las flores estén tan solas... no, no creo. No tanto.
-Clavellinas.
-¿Y estas otras?
-Bifloras.
-¿Por qué bifloras?
-Me parece que es porque parecen ser dos flores... ¿No es un poco obvio?
-Usted sabe mucho de esto.
-Eso no es verdad. Hay de estas en casi todos los jardines.- Respondí con sinceridad. Me gustan las flores, los nombres de las flores, sus aromas, pero no sé mucho. No mucho más de lo que saben mi nariz y mis ojos de ellas.
***
-¿Cómo se llaman esas flores?
Señalé, con mi pequeña y curiosa mano de esos tiempos, las flores. Grandes, solitarias, amarillas y rojas.
-Achiras.
-¿Como las de paquete?
-Sí, niña, de ahí las sacan.
No me cabía en la cabeza que se pudiera hacer comida chatarra con flores. Otra cosa contradictoria del mundo. Pero para el momento en que podría estar pensando en que las famosas achiras del Huila se hacen solamente con las raíces mi mano ya señalaba con inquietud otra flor.
-¿Y esas?
***
Tal vez yo no parezca ser el tipo de chica a la que le gustan las flores. Porque no me gustó jamás la idea de regalar cartitas con grandes margaritas mal dibujadas, ni los estampados floridos en la ropa, ni suspirar como tonta con la fotografía de un par de gatitos revolcándose en un prado primaveral. Me gustan los gatos, me gustan las flores, me gusta redactar largas cartas, mas la melosería me parece enfermiza. Yo... simplemente... gusto de atarme el cabello con una cinta adornada con una rosa negra. Eso es todo.
Es que las flores, las flores reales, son tan bonitas... y tan poco apreciadas, de verdad...
***
Bajábamos a lo que yo llamaba "el jardincito", que no era más que un oscuro y verde pasadizo cubierto de flores a los dos lados y guardado por tres grandes faroles. Sigue siendo un lugar precioso, pero ahora está cubierto de cartuchos, cartuchos blancos, de esos que recuerdan vagamente a primer comunión.
En aquellos días, aquellos hermosos días, había orquídeas, había conchitas... y había violetas.
-Esas son las violetas.
-¿Dónde? Yo no veo sino hojas.
-Por eso...-Dijo sonriendo, sonriendo con una de esas sonrisas imperceptibles que en sí mismas encierran un monólogo- Por eso son las flores de la humildad. Ellas no presumen de nada, tapan su belleza con las hojas. Bonitas flores, las violetas.
Corrió las hojas con cuidado, para que yo pudiera verlas...
Una lástima, que ya no haya más violetas allí. Los cartuchos no me traen ningún recuerdo especial. En mi primera comunión tuve que usar uniforme, me quemé con el cirio y me persiguió una avispa. El cura que me confesó tenía la fastidiosa costumbre de pegarle golpes en la cabeza a todos los confesados.
Con eso engordé en ese entonces la creciente lista de agnósticos de ocho años de edad.
Volviendo a las violetas, quizás el jardinero las quitó porque no podía con la nostalgia.
Quizás.
***
Las flores me recuerdan a tanta gente... a tantos sitios. Las hortensias a Rionegro, los geranios a Jardín, las flores de coral a Santa Marta. A Medellín, los lirios de día. Esas flores casi siempre amarillas, otras veces intercalando sus pétalos entre naranja y carmesí, muy raras veces de otros colores, siempre floreciendo en esta extraña ciudad. El indiferente ciudadano común no les presta atención, a pesar de que su fragancia es deliciosa y son de esas flores que hasta en la penumbra se ven bonitas.
Como las rosas.
Pero las rosas son perfectas, no cabe comparación alguna.
***
En nuestro patio no había flores. Había cuernos, una tomatera, un brevo, una planta cuyas hojas parecían huellas de algo, dos chefleras y una infinidad de cactos. Me preguntó de dónde esa obsesión con los cactos, como si estuviéramos en un desierto y no en una ciudad donde llueve doscientos días al año. La verdad es que nunca le pregunté.
Igual siempre los cuidó con el mismo amor con que cuidaría unas violetas.
No digo que los cactos no florezcan, a mí también me gustaban, a pesar de los inconvenientes con las espinas. La flor del cacto erizo es particularmente especial.
***
Cuando necesito calmarme (Necesidad mía más recurrente de lo que debería), salgo a dar un largo paseo... voy al "jardincito", paso por parques soleados, miro el cielo entre las ramas de las hojas, el color de los muros de ladrillo cuando les da el sol, alguna flor en particular.
Me hace sentir menos sola.
Y las rosas... condenadas florecillas perfectas...
***
La corona de espinas se caracteriza precisamente por eso, tener muchas espinas afiladas. Es un arbusto pequeño, a veces la gente lo utiliza para hacer setos. Sus flores son muy pequeñas, y del color de la sangre.
Un día me acosté encima de unos de esos arbustos.
No sé cómo no me lastimé.
Puede que sea una planta frágil encubierta, que sus espinas sean más frágiles de lo que aparentan...
***
Y las rosas, malditas rosas, maldito suplicio mío. Me encantan, me encanta cortarlas, así me vuelva nada arrancándolas con las manos.
En mi último cumpleaños me dieron girasoles. Deberían haberme dado rosas. Los girasoles no me gustan.
Malditas rosas, como acrecientan mi soledad... soledad, soledad, como si ese fuera su segundo nombre...
Tal vez las flores estén tan solas... no, no creo. No tanto.
Mire pa' que se divierta
belleza,
de la historia,
oscuridad,
yo yo yo
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